La Dieta mediterránea. Las buena gastronomía y el vino como pilares.


El pasado mes de septiembre se celebró la Semana de la Dieta Mediterránea, que fascina al mundo desde hace más de dos décadas como una de las dietas más sanas que existen, al tiempo que los investigadores prosiguen sus estudios para ampliar las bases científicas que avalan sus beneficios. Originaria de los países de la región mediterránea, se caracteriza por una elevada ingesta de frutas y verduras frescas, semillas, frutos secos, cereales y pescado y un consumo bajo de carnes, especialmente las rojas, con el aceite de oliva como principal fuente de grasas y, por supuesto, una ingesta moderada de vino como acompañamiento de las comidas.

La UNESCO reconoció en 2011 la importancia de la dieta mediterránea y la incluyó en el Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Vino y alimentos: un equilibrio sutil y personal

El vino ha pasado de ser una fuente importante de nutrientes a ser un complemento cultural de los alimentos. En algunos países como España, donde existe una gran tradición de consumo de vino como parte de una dieta equilibrada, el vino tiene por ley la consideración de alimento.

En la actualidad, cuando el arte culinario y la gastronomía han evolucionado tanto como para llegar a convertirse en una experiencia sensorial gratificante, existen algunas directrices muy sencillas para  ayudar a encontrar los maridajes de alimentos y vinos que pueden proporcionar a cada uno una experiencia más enriquecedora y placentera.

Ni siquiera los más expertos pueden afirmar con exactitud qué vino combina mejor con qué plato. Después de todo, hay miles de vinos y millones de combinaciones de alimentos y de distintos paladares. El mejor punto de partida es  comenzar con el vino que le gusta beber a cada cual.

Es necesario pensar en el vino como un ingrediente más de la comida, uno de los últimos condimentos que agregamos antes  de comer. El vino puede aportar notas ligeras a un plato contundente o poner lastre a uno más ligero. La comida, por su lado, puede profundizar y elevar los sabores del vino. También hay que tener en cuenta el método de cocción, cómo se elabora la comida y qué salsas se utilizan.

La mejor guía para el maridaje de vinos y alimentos es el propio paladar. Experimentar con diferentes combinaciones es la única forma descubrir no solo qué combinaciones nos complacen más, sino también ampliar nuestro propio rango de posibilidades. Buscar las sugerencias que publican sumilleres, chefs y enólogos en múltiples soportes al alcance de todos y dejarse aconsejar por los profesionales del vino es la opción con más garantías de éxito.

Fuente: http://www.catadelvino.com/index.asp?familia=blog-cata-vino&id=la-dieta-mediterranea-las-buena-gastronomia-y-el-vino-como-pilares

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