La pasión según Matias Michelini por Esteban Lleonart

Hablar de Matías Michelini es también hacerlo de la vanguardia enológica mundial. Desde Gualtallary, Mendoza, Michelini crea los vinos más osados y comparte su pasión por hacer una bebida que exprese profundamente su terruño.

Matías Michelini es uno de los grandes enólogos argentinos del momento. Sus vinos vienen acompañados de una fama aventurera y original que lo ha llevado a ser el enfant terrible de la enología nacional, y uno de los que más ha producido impacto a nivel internacional. Incluso ha llegado a ser llamado “el Messi  de la vitivinicultura”. No es para menos. Luego de trabajar para bodegas de primera línea, empezó su propio emprendimiento, Passionate Wine, con el que busca transmitir su pasión por hacer vinos que él define como “de antihéroe”,  de carácter y terruño, que no sigan ninguna regla preestablecida.  Con nombres como Hulk (sí, como el increíble) o Demente, el mundo de Michelini es uno de libertad enológica, y el convencimiento de que hay mucho que hacer más allá de las modas y los mercados.

Michelini nació en Guaymallén, Mendoza, y se formó en la Escuela Vitivinícola Don Bosco. Cuenta que su pasión por los vinos empezó a los 17 años, cuando siendo estudiante de enología comenzó a trabajar durante las temporadas de cosecha en una bodega. “Allí descubrí el milagro de esta transformación milagrosa: ¡jugos que se convierten en vinos!”, recuerda. Ese mismo espíritu de asombro es el que lo acompañaría por toda su carrera, en la que pasó por grandes bodegas como Luigi Bosca, Doña Paula y Sophenia.

Durante ese tiempo, Michelini ya empezó a distinguirse por su estilo osado y sus ideas rebeldes. Cuenta que un día, mientras trabajaba en Luigi Bosca, unos periodistas extranjeros fueron a hacer una cata a la bodega, y le pidieron que sirviera los vinos en orden. Quiso empezar por un Sauvignon Blanc, pero los periodistas taparon las cosas y le dijeron que no perdiera el tiempo, porque Argentina no podía hacer buenos vinos de esa cepa. Eso fue suficiente para encender su rebelión, que tuvo como fruto una gran experimentación que lo llevó a producir grandes exponentes como el Doña Paula Sauvingon Blanc, que marcó el camino a seguir para los blancos argentinos, y más adelante, el Synthesis Sauvignon Blanc de Bodega Sophenia. Según cuenta Michelini: “Siempre tuve un enamoramiento con la Sauvignon Blanc, quizás por el gran desafío que lleva este cepaje de ser algo bueno aquí en terruños Argentinos”.

A lo largo de su carrera, su afición por hacer vinos con uvas menos maduras le valió el mote de “el verde”. La maduración fue durante muchos años asociada a la calidad, y los vinos “verdes” eran considerados para los cobardes, que temían que un granizo o nevada arruinaran sus cosechas. Sin embargo, este dista mucho de ser el motivo por el que Michelini elige cosechar antes. “En realidad nunca vi la sobre maduración como un atributo de calidad, aunque sí está muy impuesto como moda. En el fondo creo que siembre estuve buscando el perfil desde la frescura, la mineralidad y la austeridad que reinan en el lugar donde vivo y a esto le llaman “ verde”,  aunque no es así para mí”, explica. El vino Montesco Verdes Cobardes es su respuesta a los críticos. Un blend de cuatro uvas blancas, Sauvignon Blanc, Semillon, Viognier y Chardonay, todas cosechadas en el momento de madurez que Michelini considera el mejor para conseguir “expresión, tensión, nervio y profundidad”.

Ya en 2008 estableció junto a su hermano Juan Pablo y socios canadienses la bodega Zorzal en Gualtallary, a los pies del Volcán Tupungato, en Valle del Uco, Mendoza, a 1350 metros sobre el nivel del mar. Es una zona que se caracteriza por su combinación de altura, suelos aluviales, días soleados, poca lluvia y gran amplitud térmica. Este terruño sería su elegido también para establecerse con su familia, y empezar a producir los vinos que mejor expresaran la identidad de esa tierra. “En el 2009, luego de ser enólogo de varias bodegas que lograron éxito comercial, quise cambiar, hacer vinos reales, puros, honestos con el lugar donde nacen sus uvas, mirando la tierra, el clima y la naturaleza”, explica Michelini.

Passionate Wine es el resultado de ese cambio. La definición de Michelini de qué es Passionate Wine tiene forma casi de manifiesto:

Es un camino de incansables búsquedas, aquel en que no querés llegar nunca, donde el transitar es inmensamente mejor que el llegar. También es el desquite de experiencias vividas en el pasado, de frustraciones, desencuentros, privaciones, esclavitudes. Es algo así como una venganza a las estructuras, a las modas, a las tendencias de los mercados y sus reglas de juego. Entones es un desafío constante, es el desarrollo de la creatividad sin límites, es mostrarse como es y cómo se quiere ser. También es una escuela, donde se aprende, se arriesga, se gana y se pierde, se construye y destruye, que tiene desatinos, angustias y eternas alegrías. Sin límites creativos, sin fronteras, sin ese no, tan enloquecedoramente frustrante, sin miedos porque da igual  lo que piensen los demás del carácter de los vinos que se hacen, porque también sabemos que siempre hay gente que tiene gustos parecidos a los de uno”.

Los vinos de Passionate Wine son entonces el resultado de esas “incansables búsquedas”, y los resultados han sido asombrosos. De todas sus creaciones, Michelini dice que su favorita es el Montesco Agua de Roca, un Sauvignon Blanc que él define como “un blanco impensado años atrás en Argentina, tan mineral como la codillera misma”, de ciclo largo y madurez lenta, es un auténtico producto de su terruño, austero y fresco.  La más extraña, que muestra su costado de científico loco de la vitivinicultura, es según el mismo el Vía revolucionaria Torrontes brutal.  “Un vino de uva blanca fermentada como tinto, pensando en un Malbec de alta gama, que de resultado dio un vino naranjo, con tanino y estructura como para comer con carnes”, detalla Michelini.

Para la fermentación y cría de sus vinos, Michelini utiliza desde 2012 huevos de concreto, algo en lo que fue pionero. Esto se debe a que el concreto no aporta sabores y la forma de huevo permite no tener que enfriar artificialmente, además de que por su espesor de 18 cm las temperaturas ambiente no influyen.  Todo esto es parte de la filosofía de tener la menor intervención posible, y dejar que el terruño se exprese completamente.

Dentro de la propuesta de Passionate Wine está la de hacer vinos biodinámicos, una técnica de agricultura ecológica, basada en las teorías del filósofo austríaco Rudolf Steiner, que datan de comienzos de los años 20. La idea de la biodinámica es utilizar de forma responsable los recursos naturales sin emplear sustancias químicas como fertilizantes, pesticidas o transgénicos, y que además incluye una dimensión espiritual, que contempla la relación del hombre con la tierra. La biodinámica es también parte esencial del nuevo proyecto de Michelini, la bodega Super UCO, que fundó junto a sus hermanos en la Villa de Enólogos en The Vines of Mendoza, en Valle del Uco.

Michelini (y su familia) no se detienen. Passionate Wine comenzó con solo un par de vinos y pocas botellas, y hoy son 22 vinos diferentes y casi 100 mil botellas, y eso es solo la punta del Iceberg. Hoy toda una generación de enólogos y productores están privilegiando la producción de terruño. Según Michelini, es lo más interesante que sucede en este momento en vinos argentinos. “Jóvenes enólogos en búsqueda de su personalidad, en búsqueda de vinos puros, honestos con ellos mismos y con el lugar donde cortan sus uvas. Ha empezado una revolución, donde hay menos límites, menos  no se puede,  donde hay lugar para la creatividad. Esto nos lleva a un país de vinos y terruños diversos, con identidad propia”, dice Michelini. Allá vamos.

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