EL LADO B DE LA GASTRONOMIA EN OLEO DIXIT

 Para aquellos que estén cansados de ir siempre a comer a los mismos lugares y probar siempre las mismas cosas, ofrecemos una lista de 6 lugares para vivir momentos y experimentar sabores diferentes. Intrépidos del buen comer, a tomar nota.
 

Cuando uno sale a comer, en general va a los restaurantes del lado A. En los viejos discos de vinilo (mucho antes del Mp3 o incluso los CD), el lado A era tradicionalmente el que tenía los hits, y el lado B las rarezas, esos temas que la banda se daba el gusto de hacer. En gastronomía, quien se queda solo con el lado A corre el riesgo de perderse de joyas ocultas, o experiencias diferentes que no podría tener si no diera vuelta el disco, y probara lo que hay del otro lado.

Por eso, en esta oportunidad preparamos una lista de 6 restaurantes para vivir un momento que exceda a la rica comida: lugares donde el contexto es tan importante como el sabor, para verdaderos aventureros gastronómicos y todo el que disfrute salir del ritual de lo habitual.

Nola  – Gorriti 4389, Palermo

Nola es un empredimiento de la estadounidense originaria de Nueva Orleans Liza Puglia y su marido Francisco Terren. Ella se encarga de la cocina y él de las cervezas artesanales Bröedders que se sirven en el lugar. La comida Cajún es típica del estado de Lousiana (de hecho NOLA son las siglas postales de Nueva Orleans, Lousiana), y Puglia la define como “cocina rústica, fusión de española, francesa y caribeña” y también como “comida de pobre”, con lo que no está desmereciendo sus platos sino recordando sus orígenes: como muchas otras delicias del mundo, gran parte de la cocina Cajún se originó entre esclavos y pobres de Nueva Orleans. Especialmente digno de mención es el Gumbo, un guiso de origen africano picante, y las mollejas fritas, que contrariamente a lo que pensaría un argentino, allá son bien tradicionales (aunque preparadas bien distintas: con cebolla, pickles y ali oli de ajo asado). Ideal para comprobar que la gastronomía de los Estados Unidos es mucho más que solo hamburguesas.


Teamim Sabores de Oriente -  Díaz Velez 4431, Almagro

“Nosotros no competimos con las madres ni las abuelas, porque eso es imposible,  pero sí con las tías”, dice Darío, propietario de Teamim, Sabores de Oriente. Este pequeño lugar de cocina israelí busca eso: comida fresca y de calidad como la hecha en casa. Si bien la cocina de Israel y el medio oriente en general no es ninguna novedad en Buenos Aires, probar los shawarmas (bien especiados, con yogurt como corresponde y la carne tierna y claramente macerada por un buen rato) o el hummus (cremoso y con un perfecto toque de limón) que preparan en Teamim es algo especial. El lugar tiene apenas un par de mesas, y no hace delivery. La mayoría compra para llevar, y a pesar de nunca haber hecho publicidad ni tener grandes carteles a la calle, el boca en boca hace que siempre trabaje a pleno. Además, hay opciones para celíacos (aunque solo a pedido).  No es raro que suene una radio en hebreo, para condimentar un momento de viaje culinario a la verdadera comida de Israel.


Mido (Bo-Sung Restaurant) – Carabobo 1575, Flores

Ir a un restaurante siempre es lo mismo. Uno llega, se sienta, examina la carta, hace su pedido, y al rato lo recibe. Pero eso no es lo que sucede en el lugar popularmente conocido como Mido (pero que en realidad se llama Bo-Sung). En pleno barrio coreano, en el Bajo Flores, aquí la propuesta es completamente diferente: el que cocina es el comensal. Las mesas tienen pequeñas parrillas a brasas y tubos de aluminio que funcionan de extractores, y el mozo trae distintas carnes ya cortadas y condimentadas, langostinos y panceta para que uno mismo se  prepare todo en la mesa y lo devore recién hecho. También se ofrecen varios acompañamientos de arroz blanco, salteados de verdura, ostras frescas, o algas de mar, entre otras cosas. A no esperar ningún lujo: el lugar es grande, pero absolutamente austero y  la entrada está cubierta por tiras de plástico azul que cubren una escalera que a su vez lleva a una reja con un timbre, que hay que tocar para entrar. Pero sin miedo, que la experiencia culinaria (ideal para ir con amigos y ganas de enchastrarse) vale absolutamente la pena. Eso sí: solo se puede ir de 12 a 17, ya que de noche el lugar está reservado exclusivamente para coreanos.


Cangas del Narcea – Beruti 4643, Palermo

Quizás el mejor lugar del mundo para una noche con amigos que amen lo kitsch y tengan mucho hambre. Si bien Cangas del Narcea es el nombre con el que todo el mundo lo conoce (porque se encuentra en un centro asturiano llamado así, en honor a una municipalidad de Asturias), en realidad se llama Jorge y su Bota. A simple vista es un típico salón comedor de un club social, pero en seguida uno empieza a notar los detalles: inmuerables fotos de Jorge, el dueño, rodeado de barriles de vino o bebiendo de su famosa bota (el leit-motiv del restaurante),  una enorme vitrina de trofeos, muchos de los cuales son de “bolos celtas” (el club cuenta con una cancha), y un escenario con una enorme estatua central de Jorge en la que está con (sí, adivinaron) su bota de vino. Si bien tiene capacidad para 250 personas, conviene reservar. No tiene carta, pero por $300 se puede disfrutar de un menú libre de entradas, principales, postres y bebidas (no incluye las alcohólicas) para comer hasta reventar.  Todo tipo de comida española, como tapas, jamón serrano, la tortilla bien babé como corresponde, paella, y cochinillo, entre otras cosas, fluye constantemente a las mesas. Sin embargo, lo más importante de la noche pasa por otro lado: el encargado que se pasea con la bota de vino para echarle un chorro en la boca a los comensales, el show con animación incluida que siempre hace participar al público, los espectáculos de flamenco o folclore o todo junto, y la gran estrella: el mismísimo Jorge con todo su españolismo que bebe de la bota al mismo tiempo que canta una canción tradicional asturiana, para luego invitar a quien quiera repetir esa hazaña (el resultado suele ser mucha gente gorgojeando vino sobre sus remeras, asegurarse de tener buen quitamanchas antes de intentarlo).Un lugar ideal para salir enormemente satisfecho, tanto por la comida y el vino, como por las risas.


Sukiyaki – pasaje San Lorenzo 304, San Telmo

Hablar de Sukiyaki es hablar de Ito San, un personaje casi legendario y tan particular que parece increíble que sea real y no parte de una película. Ir a comer al restaurante de Ito San no es para los que se intimidan fácil. El lugar es pequeño y oscuro, un tanto descascarado, con un viejo cuadro del Monte Fuji como decorado. No hay menú. Ito cocina y trae a la mesa. Decreta que se toma cerveza y ordena que se beba. Tiene más de 80 años y está enfermo. Parece un viejo samurái olvidado en el tiempo. En la radio suena heavy metal, e Ito se queja constantemente del gobierno, de los Argentinos, de casi todo, aunque sorprende en medio de su nihilismo con sus anécdotas y conocimientos. Está enojado con la vida, dice que llegó hace 50 años por la guerra y que lo abandonaron aquí, así que desde hace ese tiempo que se dedica a hacer lo que sabe: cocinar. Y vaya si lo hace. El sukiyaki que prepara (un plato hecho en base a carne de ternera, vegetales y hongos,  cocidos lentamente con salsa de soja, azúcar y mirim, un vino de arroz, y que se pasa por huevo crudo antes de comer) es posiblemente la mejor comida japonesa que puede probarse en Buenos Aires, hecho absolutamente de manera tradicional. El pescado fresco se deshace en la boca. No por nada, así como se ve, Sukiyaki era elegido frecuentemente por Luis Alberto Spinetta, y por allí pasan y han pasado muchos artistas de la escena local.


Pizza Náutica – San Ginés 801, San Fernando

Lejos de los polos gastronómicos más famosos, en pleno San Fernando, cerca del río, se encuentra una de las pizzerías más particulares de la provincia. Propiedad de Luis Tomatti, Pizza Náutica llama la atención de inmediato: decorado estrafalariamente por su cuñado, Francisco Kaiser (quien tiene una pizzería similar en Brasil), con todo tipo de elementos, desde lámparas hechas con inodoros pintados hasta televisores con un hacha atravesada y resortes por todos lados colgados de una pared, pasando por fotos de Gardel, balanzas con una pequeña cabeza de troll y su pelo multicolor dentro, candelabros o lo que sea. Todo contribuye a transformar el interior de Pizza Náutica en una inmensa y caótica muestra de arte. No solo el interior se destaca, sino que también sus pizzas. Fieles al concepto náutico, vienen en tres tamaños: bote, balsa y portaviones, y tienen nombres como Pare (Salsa de tomate y mozzarella), Mire (Salsa de tomate, mozzarella y verdeo), Escuche (con berenjenas), Discepolo (con morrones), Oliverio Girondo (con tomate asado, panceta y rúcula), o Pescado Rabioso (con anchoas y sin mozzarella). Bien caseras, preparadas exclusivamente con productos frescos (sin usar conservas) y de muchísimas variedades, es especialmente recomendable probar las preparadas con quesos especiales, como la Victor Hugo, con queso Rebleuson y panceta, o la Artaud, con Camembert y nuez.

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