El nuevo Lionel Messi de los vinos argentinos


Los vinos de la cepa cabernet franc están "descrestando" a los principales expertos mundiales.



Todos estamos muy familiarizados con el malbec, estandarte de la viticultura argentina y hoy por hoy una de las cepas más conocidas en el mundo. Pero una nueva estrella ha surgido en el firmamento del vino argentino; una que ya ha hecho que los principales críticos y revistas especializadas pongan sus reflectores sobre ella: la cepa cabernet franc.

La historia de esta variedad en tierras gauchas empieza a finales del siglo XIX, cuando fue plantada por primera vez por Tiburcio Benegas, de Bodegas Trapiche. Él trajo desde Francia los primeros sarmientos a la zona de Maipú (Mendoza), con la idea de resaltar los vinos de corte, darles volumen y frescura, tal como lo hacían en Francia.

Sin embargo, hoy resulta que este apoyo, este actor secundario, ha adquirido brillo propio y se ha vuelto protagonista gracias al dedicado trabajo de enólogos como Alejandro Vigil, cuyo Gran Enemigo, Single Vineyard 2010 de Gualtallary (100 por ciento cabernet franc), recibió este año 97 puntos Parker. El vino de toda Argentina mejor puntuado por Wine Advocate en el 2014.

No fue un golpe de suerte. En los paneles de cata de vino argentino de la revista británica Decanter de este año, la cabernet franc brilló con fuerza. En palabras de Patricio Tapia, periodista chileno especializado en vinos, columnista de EL TIEMPO y quien estuvo en ese panel: "El futuro de la cabernet franc en Argentina es brillante no solo por su alta calidad, sino también porque es generosa en sus estilos". Añadiendo en concreto sobre la cata de los cabernet franc 46 etiquetas: "Fue una cata asombrosa, una auténtica epifanía".

Y como consecuencia de todo lo anterior, Decanter le dedicó su portada de octubre de este año a "Los nuevos tintos estrella de Argentina", subrayando los "verdaderamente excepcionales" cabernet franc de ese país e ilustrando tan elogioso comentario -siempre en portada- con una botella del Cabernet Franc Appellation San Carlos 2012: un vino de exportación de la bodega

Catena Zapata

Pero este año estelar para el cabernet franc argentino comenzó en febrero, y en la propia Argentina. Más exactamente en la octava edición de los Argentina Wine Awards, el concurso que cada año organiza Wines of Argentina y donde participaron algunos de los más renombrados periodistas y críticos de la industria a nivel mundial, como Steven Spurrier, de Decanter (Reino Unido), Bruce Shoenfeld (Estados Unidos) o Nicholas Siu (Hong Kong). Allí, y nada menos que entre 700 vinos de exportación, los cabernet franc se quedaron -y por primera vez- con tres de los 14 trofeos: el galardón que se entrega a los mejores vinos del certamen. El afamado Steven Spurrier, conocido por el "Juicio de París" y presidente de los Decanter World Wine Awards, afirmó durante una entrevista después de la ceremonia de los premios: "¡A mí me han fascinado los cabernet franc que he probado aquí, me han enloquecido!". Y agregó: "El cabernet franc de la Argentina tiene un futuro interesante. Los jurados en el panel degustamos diferentes tipos de cabernet franc y todos estuvimos de acuerdo en que fueron de los mejores vinos que probamos". Y hablando ya un poco sobre el estilo del cabernet franc argentino, es una uva que se adapta perfectamente a muchos tipos de terroirs y que da vinos diferentes en cada uno de ellos y ahí está la clave. Los del valle de Uco se pueden comparar con los de Chinon y Bourgueill, en el valle del Loire; mientras que en Luján de Cuyo ofrecen una expresión más parecida a Burdeos. Pero existen varias regiones de producción en Argentina: San Juan, San Rafael, Mendoza, Neuquén y Río Negro, y en todas se dan matices distintos. En Mendoza sobresalen subregiones como Vista Flores y San Carlos, donde los vinos son más frescos por la altura y se encuentran sabores más complejos y herbáceos. El calor propio de Mendoza, en general, agrega un poco de sedosidad y amabilidad a la hora de probarlos. Mientras que las regiones del sur, como Neuquén y Río Negro, ofrecen versiones más estructuradas del franc.

En declaraciones al diario La Nación, de Buenos Aires, el famoso enólogo Matías Michelini, de la nueva y brillante camada de hacedores de vinos en Argentina, resumió las cosas así: "El cabernet franc en la Argentina ha desarrollado y demostrado, en muy pocos años, una gran cintura y plasticidad, según el terruño donde esté plantado. Hemos visto lo distintos que son los de Río Negro, San Juan, Neuquén o, en Mendoza, los del Valle de Uco y Luján de Cuyo, mostrándose diferentes y fieles al lugar de origen". Y a propósito, el Piantao cabernet franc 2011 de los hermanos Michelini (Zorzal Wines) fue calificado de "excepcional" por Decanter. ¿Pero a qué sabe? Este pariente del cabernet sauvignon presenta tonalidades rojizas con reflejos morados y negros profundos, con una intensidad media alta. En nariz sobresalen sus aromas típicos de pimientos maduros, especias, fruta roja fresca y viva, chocolate y almendras. El paso por roble lo hace más refinado y complejo aportando tabaco y humo. Es un vino muy expresivo y estructurado en boca; siendo amable con taninos suaves y algo rústicos. Fruta roja que permanece en boca con mucha intensidad. "Vinos de sed, vinos que dan ganas de seguir tomando", resume Vigil, lo que implica una vuelta de 180 grados frente a lo que conocemos de Argentina a través de la mayor parte de sus malbec. Ahora, cuando nos referimos a un "boom" del cabernet franc argentino que nadie imagine ventas y exportaciones exorbitantes, ni que el malbec va a ser relegado a un segundo plano. Baste con señalar que solo hay 700 hectáreas plantadas en Argentina: menos del 1 por ciento del total de hectáreas con cepas tintas (aunque han crecido cerca de 9 veces desde 1990, cuando solo había 76 hectáreas). Y la mayoría de ellas en Mendoza: 468. Para hacerse una idea de qué significa esto, el malbec representa casi 34.000 hectáreas, y la Bonarda, unas 18.800.

En palabras de Manuel González, el enólogo de Andeluna Cellars. "Argentina tiene que usar al cabernet franc como bandera de prestigio, pero nunca pensarlo como si fuese una Bonarda". A lo que Patricio Tapia añade: "La sensación es que al fin el malbec ha encontrado un compañero, no un reemplazante". Nada de lo anterior preocupa a Vigil, para quien "no hay que asustarse por la cantidad que tenemos, sino por la calidad de los vinos que hacemos" con el cabernet franc. Es decir, por tener el foco muy claro en este sentido. En resumen: el tema aquí no es de cantidad, sino de la calidad que el cabernet franc está alcanzando y del prestigio que está aportando al vino argentino. Argentina siempre va a ser vista como la tierra del malbec, pero no cabe duda de que el cabernet franc está cambiando su imagen: demostrando que ese país es más que malbec y que ofrece mucho más que esos vinos gordos y golosos que tanto le gustan al paladar estadounidense. Argentina empieza a virar hacia la diversidad, a pensar en tintos más allá de aquel potente compañero obligado del asado, y eso es una buena noticia. Papá de la cabernet sauvignon Es una variedad de maduración temprana, que se adapta bien a climas fríos y no es para nada una moda reciente, pues es una de las principales variedades tintas del mundo desde hace varios siglos. Su historia se remonta al siglo XVII, cuando se cree que la cabernet franc se instala en Francia, en el valle del Loire, y más específicamente en la Abadía de Bourgueil, gracias a un cardenal llamado Richelieu y a un abad llamado Breton. A Burdeos llega en el XVIII, donde se le usa para realizar cortes con cabernet sauvignon y merlot, principalmente. Aunque no siempre fue así. En el siglo XIX durante la popularidad del cabernet sauvignon se encontró que ambas estaban muy relacionadas; tanto así que en 1997 se demostró que el cabernet sauvignon surge del cruce de la cabernet franc y el sauvignon blanc.

El frío le sienta bien

"Si bien todavía queda mucho por aprender de la variedad, sabemos que los mejores cabernet franc son de zonas frías", sentenció Manuel González, el enólogo de Andeluna Cellars, en entrevista con Juan Diego Wasilevsky, Editor Vinos & Bodegas iProfesional, de Argentina. "En zonas cálidas da como resultado un vino correcto, de buen color, pero con aromas neutros, ya que se pierde toda la pirazina, que es fotosensible, es decir, se destruye con la luz. Y ahí es cuando se pierde el alma del cabernet franc, porque esas pirazinas salvajes, esas notas nítidas de pimientos, son las que lo diferencian del cabernet sauvignon, que da notas más especiadas, tipo pimienta". El enólogo dice que una de las mejores zonas en Mendoza para el cabernet franc es la parte alta de Agrelo, en Luján de Cuyo, y Gualtallery, en el valle de Uco.

Artículo de la Revista VINOS, de EL TIEMPO.

 

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