Felipe Pigna y su brindis: "Al Gran Pueblo Argentino Salud"
El
historiador se mete ahora con el vino y descorcha sus mitos y verdades
en un nuevo libro. En una charla con el blog Vinómanos, cuenta cómo
llegó al vino y qué lo sedujo a escribir de él.
¿Qué fue lo que te atrapó del vino para escribir sobre él?
-Que ante todo es una bebida social. No es un plan egoísta, como el whisky solitario, que sirve para ahogar las penas o para hacerlas flotar. Es algo que se comparte y que ocupa un lugar entre la gente. Y esa condición social, para un historiador, es como tener servido en bandeja su alimento.
Y sin embargo no hay muchos títulos sobre el tema.
-Es verdad. Hay libros académicos muy buenos, pero poco conocidos, escritos por historiadores excelentes, como los del mendocino Pablo Lacoste, pero no existía un libro pensado para los consumidores. Y un poco entre la curiosidad social del vino y otro poco por esta vacante en las lecturas, fue que hará dos años decidí encarar el libro.
¿Cómo empezaste?
-Es curioso, porque el inicio del libro fue una charla que tuvimos con José Alberto Zuccardi. En esa charla el bodeguero me alentó a escribir una obra que diera cuenta de la historia del vino en Argentina. Me dijo: "Tenés que venir a Mendoza, conocer a la gente que trabaja en el vino". Y me lo tomé en serio. Fui a la bodega, con gran generosidad me presentó a la gente que define el negocio y poco a poco quedé enamorado del vino y del libro que tenía que escribir. Aprendí muchísimo en ese viaje.
¿Qué cosas, por ejemplo?
-Que la del vino no es una industria para apurados. Y que, precisamente por ello, genera una burguesía muy particular dentro de la Argentina. Comparada con la pampa húmeda, por ejemplo, donde la burguesía es rentista, la del oeste y en particular la de Mendoza tuvo una fuerte inclinación productiva: pasó del cultivo de una fruta a su industria, con todo lo que eso significa tener una burguesía vinculada a la transformación. Algo sobre lo que había leído, y comprendía bien, pero que al verlo me cambió la perspectiva. El vino tiene cosas únicas. Por ejemplo, una estructura social muy particular en América: sobre 310 mil hectáreas de cultivo en Argentina hay 30 mil propietarios; y tiene una estructura de cooperativas muy sólida, como FeCoVita, por ejemplo, elabora el vino posiblemente más consumido del país, Toro.
Digamos que el contraste con la historia más conocida, la de la pampa húmeda, te sedujo porque involucra a mayor cantidad de actores.
-Sí. La del vino, contrariamente a su imagen publicitaria, no es una historia de la alta sociedad. Involucra a los sectores populares a gran escala: como productores y consumidores. Con el valor extra de ser la historia de un producto rico, que estimula la subjetividad de esas personas, y participa de la forma en que viven y perciben lo que viven.
¿Cambió tu manera de beber vinos con este libro?
-Absolutamente. Ahora veo todo esto dentro de una copa. Es algo invisible que gana dimensión cuando se lo conoce. La gente del vino tiene pasión por lo que hace. Se les va la vida en ello. Lo vi en todas las entrevistas que hice para el libro, que fueron muchas. Eso es lo más increíble que genera el vino: pasión.
También, imagino, que habrás apasionado con muchos vinos en el proceso.
-Muchos. Y muy buenos algunos de ellos. No fue un libro fácil de escribir (se ríe Pigna).
¿Qué vino descubriste?
-Ahora estoy con el Cabernet Franc. Me tiene fascinado. Pero me gustan mucho los Malbec de Mendoza y el Torrontés de Salta en general.
¿Y el Pinot Noir?
-Me gusta mucho. Pero no soy un gran conocedor de vinos.
No parece. ¿Sabías de vinos antes de empezar el libro?
-Lo básico. Un poco por mi padre, que me formó el gusto. Él era el representante de la Camerata Bariloche y viajaba mucho. Siempre traía vinos de Rioja, del Duero. Recuerdo mucho los Alabriños que traía de Galicia, su acidez, perfecta para comer pescados en las barras de las pulperías.
¿Las de la pampa húmeda?
-No, las de Galicia, claro. Lo curioso es que de ahí viene el nombre nuestras pulperías. En Galicia, se come el pulpo recién salido del mar con un Albariño punzante en unos bolichitos sobre la costa. Y como está comprobado por los historiadores locales, muchos de los propietarios de las tiendas de campaña en el campo argentino fueron gallegos. Al parecer el término fue importado con nostalgia, porque conseguir pulpos en la pampa no parece algo sencillo.
Buen dato. Lo que va quedando claro es que como historiador sos un buen tomador de vinos.
-Cierto (vuelve a reír Pigna). Es que tengo un buen mentor en esto: Juan Martín Guevara, el hermano del Che, con su tienda Epicúreos. Él me guía en las compras y me recomienda siempre buenos vinos.
¿Tendrás tus etiquetas guardadas, entonces?
-Tengo una cava, bah, una conservadora de esas que parecen heladeras, con unas 30 botellas que descorcho cada tanto.
¿Y cuál sería una ocasión especial para una de esas buenas botellas?
-Cuando cocino para mis hijos. Un poco porque vienen a casa y otro poco porque como los invito a comer, vienen. Ahí, si es un asado o un risotto de hongos con pollo, que son mis especialidades, me juego con una buena botella.
¿Por ejemplo?
-Si habrá siesta, San Pedro de Yacochuya.
Fuente: vinomanos.com
Link: http://www.mdzol.com/nota/529635-felipe-pigna-y-su-brindis-al-gran-pueblo-argentino-salud/
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