Comedor del Desierto
Fuente: Memorias del Vino Blog | Nicolás Visnevetsky.
Lo
último que comí antes de irme fue una masa de yema y pisco rellena de
dulce de leche, como un cubanito con helado de limón y un higo en
almíbar.
No hay nada más hermoso como técnica de narración que dar vuelta la cronología y comenzar por el postre.
El Comedor del Desierto en Contralmirante Cordero es el dueño de los domingos.
Catorce comensales reunidos al azar en una mesa dentro de un comedor de una casa de chacra que habitaron inmigrantes croatas en la década del 40 es realismo mágico.
Entonces mucho de lo que sucedió y sucede allí es realismo mágico.
El horario de llegada, previa reserva, es a las 13. Ese día los factores climáticos estaban de nuestro lado y en un banquito del patio saboreamos unas copitas de pisco cremoso ideales para comenzar a mover la maquinaria del gusto, que ni bien llegas te las ofrecen.
Hamacas, perros durmiendo en homenaje al ocio, canto de pájaros, gallinas ponedoras y el aroma a pan cocinándose en el horno de barro. Todo está ahí, en la simpleza del lugar.
Quién orquesta el comedor de este verde desierto es Nicolás Rodríguez Rey, bisnieto de aquellos que montaron ese hogar hace 80 años.. Inquieto, anfitrión for ever, sencillo, bolillero de ideas y muy buen cocinero, que acompañado por Fada pilotean los destinos de la nave madre.
El comedor guarda registros de una época lejana. Fotografías en marcos gruesos y coloreadas a mano. Autopistas de los años que alimentan la memoria. Mucha energía tiene ese sitio, mientras los comensales bebemos ese profundo vino en jarra y disfrutamos de la sociabilidad con la que cuenta el hecho de sentarse a comer.
El comedor del desierto es un acto colectivo, donde todos convivimos en la misma mesa, bebemos y filosofamos.
Rompemos la cascara del pudor y entendemos que quienes están al lado nuestro vinieron más o menos por lo mismo que uno.
Antes del postre y durante el final del menú un plato increíble. Se trata de una papa rellena con carne de gallina- criada obviamente en la chacra- y una salsita huancaína. La guarni fue una chalaquita de mango que es una ensalada de tomate, mango, perejil y pasta de ají amarillo con un firulete en el plato de aceite de huacatay.
Esta parte de la cocina de Nicolás tiene una fuerte impronta latinoamericana: semillas, vegetales, legumbres, una paleta de sabores interesantes y bien reproducidos.
Detener el tiempo, congelar la cápsula que viaja del pasado al presente, buscar un lugar y subirse. Esa fue mi sensación en el comedor mientras todos seguimos riendo, comiendo, bebiendo y zambulléndonos en las historias de los otros, en esos pequeños lugares que cedemos a quien escucha y a quien relata, durante un rato.
El primer paso fuerte de este menú vino antes de la papa rellena de gallina de un par de renglones arriba y se trató de un buñuelo de pejerrey, brótola y espárrago a la plancha con salsa de ajo asado.
Estaba rodeado de un majado de plátano y pallar con una salsa de albahaca, habitas y tomate cherry asado. Plato de mucha intensidad, sazonado, cargado y que combina perfectamente con ese Malbec rionegrino de bodega Gennari que fue el vino que bebimos todos.
El menú arranca con un ceviche de hongos girgolas, hinojo, cebolla colorada y canchita (maíz tostado), que se sirve sobre un radicchio y una endivia.Acota Nicolás que en Perú se usa el ceviche al paso servido en una hoja de lechuga.
La llegada a la chacra comienza con unas papas sin sal, como un snack, acompañando la copa de pisco, que de tan suave uno bebe dos.
Mágico el Desierto… como se adueña de todo, como reparte y como juega.
Felices los comensales, que entre abrazos y besos nos entregamos a lo que queda del domingo. Cae la tarde sobre Cordero y el sol de los buenos tiempos ilumina el camino por el que vamos a volver.
A 20 minutos de Neuquén, el comedor eventual del Desierto es una chance.
Nico Visne
+ info: Solo con reservas / 0299 549-5789 / Facebook: Del Desierto comedor eventual
ph: guada vela
No hay nada más hermoso como técnica de narración que dar vuelta la cronología y comenzar por el postre.
El Comedor del Desierto en Contralmirante Cordero es el dueño de los domingos.
Catorce comensales reunidos al azar en una mesa dentro de un comedor de una casa de chacra que habitaron inmigrantes croatas en la década del 40 es realismo mágico.
Entonces mucho de lo que sucedió y sucede allí es realismo mágico.
El horario de llegada, previa reserva, es a las 13. Ese día los factores climáticos estaban de nuestro lado y en un banquito del patio saboreamos unas copitas de pisco cremoso ideales para comenzar a mover la maquinaria del gusto, que ni bien llegas te las ofrecen.
Hamacas, perros durmiendo en homenaje al ocio, canto de pájaros, gallinas ponedoras y el aroma a pan cocinándose en el horno de barro. Todo está ahí, en la simpleza del lugar.
Quién orquesta el comedor de este verde desierto es Nicolás Rodríguez Rey, bisnieto de aquellos que montaron ese hogar hace 80 años.. Inquieto, anfitrión for ever, sencillo, bolillero de ideas y muy buen cocinero, que acompañado por Fada pilotean los destinos de la nave madre.
El comedor guarda registros de una época lejana. Fotografías en marcos gruesos y coloreadas a mano. Autopistas de los años que alimentan la memoria. Mucha energía tiene ese sitio, mientras los comensales bebemos ese profundo vino en jarra y disfrutamos de la sociabilidad con la que cuenta el hecho de sentarse a comer.
El comedor del desierto es un acto colectivo, donde todos convivimos en la misma mesa, bebemos y filosofamos.
Rompemos la cascara del pudor y entendemos que quienes están al lado nuestro vinieron más o menos por lo mismo que uno.
Antes del postre y durante el final del menú un plato increíble. Se trata de una papa rellena con carne de gallina- criada obviamente en la chacra- y una salsita huancaína. La guarni fue una chalaquita de mango que es una ensalada de tomate, mango, perejil y pasta de ají amarillo con un firulete en el plato de aceite de huacatay.
Esta parte de la cocina de Nicolás tiene una fuerte impronta latinoamericana: semillas, vegetales, legumbres, una paleta de sabores interesantes y bien reproducidos.
Detener el tiempo, congelar la cápsula que viaja del pasado al presente, buscar un lugar y subirse. Esa fue mi sensación en el comedor mientras todos seguimos riendo, comiendo, bebiendo y zambulléndonos en las historias de los otros, en esos pequeños lugares que cedemos a quien escucha y a quien relata, durante un rato.
El primer paso fuerte de este menú vino antes de la papa rellena de gallina de un par de renglones arriba y se trató de un buñuelo de pejerrey, brótola y espárrago a la plancha con salsa de ajo asado.
Estaba rodeado de un majado de plátano y pallar con una salsa de albahaca, habitas y tomate cherry asado. Plato de mucha intensidad, sazonado, cargado y que combina perfectamente con ese Malbec rionegrino de bodega Gennari que fue el vino que bebimos todos.
El menú arranca con un ceviche de hongos girgolas, hinojo, cebolla colorada y canchita (maíz tostado), que se sirve sobre un radicchio y una endivia.Acota Nicolás que en Perú se usa el ceviche al paso servido en una hoja de lechuga.
La llegada a la chacra comienza con unas papas sin sal, como un snack, acompañando la copa de pisco, que de tan suave uno bebe dos.
Mágico el Desierto… como se adueña de todo, como reparte y como juega.
Felices los comensales, que entre abrazos y besos nos entregamos a lo que queda del domingo. Cae la tarde sobre Cordero y el sol de los buenos tiempos ilumina el camino por el que vamos a volver.
A 20 minutos de Neuquén, el comedor eventual del Desierto es una chance.
Nico Visne
+ info: Solo con reservas / 0299 549-5789 / Facebook: Del Desierto comedor eventual
ph: guada vela
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