Bares Revelación 2013 por la Admirable Tamara Tenenbaum

Los nuevos bares que marcaron la noche de Buenos Aires. 5 nuevas barras que no podés dejar de conocer: Florería Atlántico, Harrison’s, Basa, Verne Club y Pony Line. Cuándo ir, con quién, qué comer y qué trago pedir. Enterate por qué conquistaron corazones durante las noches del año que se fue. Y sumá tus elegidos.
3 de enero de 2013

Nunca me canso de comentar con amigos la suerte que tenemos de vivir en Buenos Aires: la cantidad, variedad y calidad de los bares que abren todos los años (y los que cierran, claro, todo tiene su lado oscuro) solo son igualadas por un puñadito de metrópolis alrededor del mundo. Sin embargo, muchos bebedores pecamos de clásicos: amo ir siempre a los mismos dos o tres lugares, pedir lo mismo y charlar con la misma gente. Hago lo mismo con los restaurantes, los libros y las películas: uno piensa, ¿para qué arriesgarse a clavarse si tengo una receta que no falla? Bueno, porque de los diez bares que visites por año, seguro alguno va a terminar sumándose a tu lista de hits. En esta nota, cinco barras que conquistaron corazones durante 2013.



FLORERÍA ATLÁNTICO
Sea cual sea tu favorito personal, Florería fue definitivamente la sensación de 2013: un martes a la medianoche lo encontrás lleno, y al que no lo sepa le costará creer que tiene menos de un año abierto. La propuesta es ambiciosa: detrás de una coqueta florería y vinoteca de la calle Arroyo, unas escaleras te conducen al sótano donde se encuentra el bar. La barra semeja la de un bar en un barco, la cocina es de parrilla (excelente, con especialidad en carnes y mariscos) y la carta del dueño y bartender estrella Tato Giovannoni interesante, recorriendo distintos países con heterodoxas recetas de autor. Lo que seduce de Florería es lo que convirtió a 878, el otro proyecto de la dupla Díaz-Giovannoni, en un clásico infalible de la noche porteña: un speakeasy apto para todo público, donde se cruzan una pareja de más de 60 con un grupo de chicas a las que les pedías el DNI si les mirabas la cara. Si bien la Florería podría haber sido algo más exclusivo o hipster por lo sofisticado del planteo (y por unos precios un poquito más arriba), la calidez del servicio y la indudable calidad de lo que sirven determinó que también fuera una opción para todos. Es una buena idea si querés algo de movida un día que no la encontrás en casi ningún lado, onda miércoles. Un jueves revienta y, si te gusta mucho el lugar pero preferís estar más tranquilo, lo ideal es el domingo. La vedette de la carta es el Mitaz Bloody Mitaz Gazpacho, variante de Bloody Mary a base de tomates asados en la parrilla de la casa, gin en vez de vodka, jerez y tabasco (podés pedirlo muy picante: recomendamos) que ha convencido a varios bloody-vírgenes. Por $65-$70, aproximadamente, sale un trago, por $350 comés con cócteles o vino.

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HARRISON’S
En otro estilo de speakeasy, que inauguró en Buenos Aires Frank’s, los mismos dueños se despachan con Harrison’s, una propuesta similar en el target pero con brillo propio. En ambos casos nos encontramos con buenas barras, una coctelería muy enfocada en los años ‘20 en Estados Unidos (la época de la ley seca, donde surgieron los verdaderos bares secretos) y una onda que apunta a generar una sensación de exclusividad destinada al público más high de Buenos Aires. Sin embargo, Harrison’s dio una vueltita de tuerca, tanto a la premisa speakeasy como a la estética que propone. En este caso no hay una contraseña, y la dirección no es pública (aunque es cada vez más conocida). Se encuentra detrás de un restaurante de sushi en Palermo y tenés que tener una tarjeta de membresía, un conocido adentro o arreglártelas para que te dejen pasar. Por otra parte, una vez adentro, realmente te transporta en el tiempo: no queremos contarte mucho, pero lo de los locos años ‘20 esta vez se lo tomaron súper en serio. Por ahora, si bien siempre está lleno, la onda es más tranqui y menos bolichera que la que tomó Frank’s, con un público un poco más adulto, de treinta y pico para arriba. La barra está a cargo de un equipo joven y canchero en el que se lucen el comandante Sebastián García y Chula, bartender revelación del año. Si bien hay ricos tragos de autor, lo ideal en Harrison’s es ir por algo bien clásico para estar a tono: como un Sazerac, que según la tradición es el primer cóctel existente, a base de whisky, azúcar o syrup y bitter. Los tragos rondan los $80: no hay comida en el bar, pero podés sentarte en el restaurante de sushi que hace de negocio pantalla.

oleo dixit harrison's






BASA
En este caso también nos encontramos con una pareja de dueños que ya tiene mucha historia en la gastronomía argentina: Luis Morandi y Patricia Scheuer, autores del Gran Bar Danzón, Sucre y varios más en los últimos quince años. Tanto la cocina (calidad de restaurante más que de bar) como la barra son impecables, tal y como nos tienen acostumbrados. El jovencísimo bartender Ludovico di Biaggi curó una carta de cócteles con algunas recetas de autor y otros clásicos olvidados como el glorioso Penicilin a base de scotch, limón, jengibre y almíbar. Muy cerca de Florería (ideal para hacer circuito Recoleta-Retiro), se trata de un local muy espacioso, con vigas a la vista, materiales nobles y bastante más iluminado (aunque muy cálidamente) que lo que nos tienen acostumbrados los bares en Buenos Aires. Por su mix restaurante-bar, es ideal tanto para distintos públicos como para distintas ocasiones: una comida de negocios de primera, una cita romántica o casual, una salida gourmet con amigos. Días de semana, obvio, se llena de ejecutivos: los findes el público es más joven, especialmente a medida que se va haciendo tarde. Dato: es dificilísimo encontrar mesa, pero la barra es amplia y cómoda para comer. Para picar es imperdible el paté casero de hígado de pollo. Un cóctel está aproximadamente a $55 y para cenar con $250 estás, con un cóctel o copa de vino (amplísima selección). Ideal como after office si ya estás harto de los bares de Reconquista, o un sábado si buscás un poco de noche.

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VERNECLUB
“Manhattan y panchos”, esa era la idea que traía entre ceja y ceja el bartender Fede Cuco para cuando pudiera armar su propio bar. Hoy, Verneclub es eso y mucho más: en un lugar ambientado casi como un club de caballeros (mucha oscuridad, poltronas de cuero) y con algunos guiños a la estética steampunk (algo así como los delirios futuristas de los autores del siglo XIX) podés probar un gran surtido de recetas originales que acompañan el recorrido de Phileas Fogg en La Vuelta al Mundo en Ochenta Días, más una sección de tragos de inspiración nacional bajo el título El Faro del Fin del Mundo (el libro de Julio Verne que transcurre en Argentina). Se han vuelto casi clásicos de la ciudad el Jazmín Blanco (Gin Bombay, té de jazmín, miel, cardamomo y limón) y el Opium Fashioned (Bourbon, almíbar de té negro, bitter de naranja y humo), desafío siempre difícil para los cócteles de autor. Para comer hay picaditas y panchos que son un éxito y salen toda la noche. De los bares de esta nota, es además el más accesible (hay tragos desde $45, y los panchos gourmet rondan los $40) y por eso mismo el que más se llena de gente joven, freelancers variados y (dato) twitteros. Salvo por algún evento privado, no cierra jamás: domingo o lunes, días complicados para salir a beber o picar algo, Cuco y sus aprendices (destaca Meli, que no tiene nada que envidiarle a su maestro) están firmes como soldados para recibirte. Son buenos días para ir si tenés ganas de sentarte en la barra a charlar con ellos como si estuvieras en Cheers. Si lo querés lleno, sábados. Otro dato: esta cronista estuvo en un cumpleaños allí hace poco y tanto el bandejeo como la organización fueron ejemplares, altamente recomendable.

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PONY LINE
Estrictamente, Pony Line abrió en diciembre de 2012, pero claramente lo conocimos este año: muchos habíamos leído sobre la mística de los viejos bares de hotel, pero nos sonaba a cosa del pasado, nada que ver con las acartonadas y aburridas barras que podíamos encontrar hoy en los hoteles. Pony fue el primer paso para cambiar eso (en el marco de un relanzamiento de toda la propuesta gastronómica del Four Seasons, profundamente aclamada hoy día), y marcó tendencia. El lugar tiene su propia entrada, y parece un bar high end de Palermo como cualquier otro (también por los precios: cócteles a $70, tapas por debajo de $100, ningún regalo pero muy por debajo del promedio en su rubro), si no fuera por la esmeradísima atención característica de hoteles de lujo. La carta de tragos de Sebastián Maggi es excelente y original, y la mano de Matías Granatta, el bartender a cargo, nunca falla. Se trata fundamentalmente de variaciones premium (y muchas veces con un touch local) de cócteles clásicos: imperdible el Lavender Sidecar, que lleva Brandy de jerez, Grand Marnier, naranja, lavanda, lima, miel y zest de limón.  También hay una celebradísima sección de tererés, tragos que te “cebás”: el más rico (subjetivo, desde ya) es el Backhanger, tereré de té verde, lemongrass, limonada, Gin Bombay y pepino. Los miércoles hay unas fiestas que generan un clima medio farandulero: mejor ir un jueves o viernes, aunque suene raro va a estar más tranquilo, huéspedes de hotel y más “gente normal” (gente fina, pero normal). Buen lugar para ir temprano.

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Tamara Tenenbaum
Filósofa de formación, cronista urbana de profesión. Tres son multitud y el Martini, bien dirty, por favor. Creo que las calorías son un invento de los medios.


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