Enólogos en banda Por Sabrina Cuculiansky | LA NACION
Trabajan de sol a sol, investigan y comparten conocimientos. Rebeldes e inquietos, hacen los vinos argentinos de los que se habla en el mundo
28.04.2013
Cuando
en el mundo se elogian los grandes vinos argentinos en realidad se está
hablando de ellos: una generación de hacedores del vino que pasó sus
noches de estudio y bares escuchando rock y cuya mayor premisa es hacer
lo que les gusta. Trabajan con la mayor libertad del mundo y hacen lo
que quieren. Tienen entre 30 y 43 años, y son los que deciden sobre el
paladar mundial cuando se habla de vino argentino. Y también sobre
algunos vinos franceses, porque vinifican en las tierras del Viejo Mundo
cuando cambia la temporada de vendimia. Para Alejandro Vigil, Marcelo
Pelleriti, Alejandro Sejanovich, Matías Michelini y Matías Riccitelli,
el gran secreto de un vino bueno es sólo saber "si está rico o no, si te
gusta o no te gusta, si te tomás una copa o querés abrir tres
botellas". Con su actitud podrían ser una banda de rock, no sólo porque
les gusta la música (y saben tocar instrumentos), sino porque son
quienes se llevan por delante y empujan al frente los caminos del vino
local. Descubrieron senderos, exploraron zonas, estudiaron suelos y
plantaron.
Cuidaron las antiguas vides que hoy hablan de la historia y
la tradición, y se empeñaron en investigar. Cada uno tiene una virtud y
un conocimiento específico, pero son capaces de ocuparse del proceso
completo: desde la semilla hasta la venta del vino. Son sus propios
jefes, ya sea en emprendimientos personales, cuando asesoran a terceros o
cuando trabajan para grandes bodegas. En cualquier caso, rompieron con
la división tradicional entre agrónomos -los que se ocupaban del campo- y
enólogos -los que estaban en la bodega-. Hoy son elaboradores de vinos,
hacedores, comunicadores o como prefieran llamarlo. Están entre las
plantas y manejan la temperatura de los tanques donde se hace el vino.
No hay divisiones, todos apuntan a mejorar la industria vitivinícola del
país que, como ellos aseguran, es una de las más prósperas. Si de
números se trata, entre 2001 y 2011 multiplicaron por diez las
exportaciones: pasaron de un millón a cien millones de dólares en ventas
al exterior.
Hay tres temas fundamentales que los unen. Ante todo, son bebedores, consumidores y amantes del vino. La pasión los mueve para trabajar noche y día vigilando la cosecha o mezclando el vino en la bodega. Más allá de producir los mejores vinos, en su fuero interno esperan que el suyo o el del vecino sea de gran calidad, porque saben la importancia que tiene esto para competir en un mercado internacional contra productores que llevan varios cientos de años de ventaja en cuanto a elaboración y marketing.
Son batallas pequeñas que ganan día a día. No sólo porque se ensucian los pies en el viñedo y las manos al prensar las uvas una por una, sino porque viajan por el mundo como embajadores de la botella blanca y celeste.
Con ese ritmo imparable, cosechan, vinifican o se bajan de un avión en París para ser agasajados en un chateaux de Bordeaux. Como le pasó a Alejandro Vigil, que agotado y con el GPS mal direccionado llegó exactamente a la costa opuesta. "¿Hay algún avión para alquilar?", preguntó en medio del campo. Lógicamente, no. Entonces disfrutó de los vinos y la gastronomía exquisita de ese nuevo lugar. Vigil, alquimista de Catena Zapata, cuenta esta anécdota mientras en la gran cava suena la guitarra eléctrica de Pelleriti, el primer latinoamericano en obtener 100 puntos de parte del gurú Robert Parker por un vino realizado en el Pomerol francés. Cien es el mayor puntaje que puede tener un vino en el circuito de los que están atentos a las notas de los críticos internacionales. Se puede estar de acuerdo o no con el sistema de puntaje o con el paladar del crítico en cuestión, pero finalmente son los vinos que compran los mayores coleccionistas y que ganan en el ranking de ventas.
Pero "lo que importa es la tierra y el hombre que la trabaja", concuerdan. Cuando en abril y mayo llega el momento más álgido de la cosecha de las mejores zonas y de las primeras fermentaciones en la bodega, cuando la fruta está en su punto justo para ser recogida, ese mismo día recorren cientos de kilómetros entre un viñedo y otro. Llegan hasta los 1500 metros con los Andes de telón de fondo. Pasan por su casa, comen en familia y con sus hijos pequeños, vuelven a la bodega, hacen remontajes, fermentaciones, sangrías, giran las barricas, miden la temperatura de los tanques o de los huevos... Estos últimos son la especialidad biodinámica que utiliza el Miche, Matías Michelini, que pierde los cigarrillos cada vez que se sube a la moto rumbo a Tupungato, oasis de estrellas, volcán, nueces y duraznos amarillos. Todo lo viven con pasión y a toda velocidad. Además de trabajar las 24 horas los siete días, también se reúnen para pasarla bien y disfrutar de la vida. Vigil y Pelleriti comparten In Vino Veritas, uno de los programas de radio más escuchados en Mendoza. Riccitelli, Michelini y Sejanovich están pensando en una gran fiesta para este fin de cosecha. Y Pelleriti, además, ultima los detalles para el Monteviejo Wine Rock, una festival en el valle de Uco, a 1100 metros de altura, al que asisten reconocidos músicos y artistas plásticos.
Estos cinco personajes son el ejemplo de una generación que se siente orgullosa de ser parte de la industria del vino argentino, en donde también están presentes la labor del inquieto Sebastián Zuccardi, Adrián Manchón, Eduardo Vidal o Juan Pablo Michelini, y Carolina Cristófani y Javier Saldaño en Cafayate, entre muchos otros anónimos que forman parte de la nueva identidad del vino argentino. Al igual que las estrellas de rock, ellos tienen sus fanáticos. Son los seguidores de sus blogs y de sus comentarios en las redes sociales como Facebook, Twitter o Instagram. A partir de plataformas multimedia, video y fotos, los enólogos detallan paso a paso lo que hacen diariamente.
No tienen miedo a equivocarse y por eso se animan a cambiar permanentemente. Buscan la diversidad del terruño para dar identidad al vino. Y lo logran gracias a su inteligencia, al estudio previo y a la creatividad sensible que los despierta en todo momento.
Aquí están, estos son, los hacedores del vino argentino que gusta en el mundo.
alejandro vigil
- Yo tenía 28 años y el cargo más alto del INTA en suelo y riego. Allí funcionaba una bodega, pero no podía entender cómo hacían vinos dentro del horario de oficina. Entonces monté una bodega clandestina adentro, a mí me importaba todo un bledo. Hacía análisis del suelo y tenía mucha plata para hacer investigaciones. Me encantan las fórmulas y las estadísticas.
- ¿Desde cuando hacés vino?, me preguntó mi mujer. Yo bebía vino, estudiaba las zonas del Malbec y entré en Catena Zapata. ¿Qué hacía? Movía para un lado el vino y decía mmm, está rico, vamos de nuevo. Probaba: qué rico; vamos otra vez. Me decían que eso no se podía hacer por las levaduras. Desconozco, decía yo, y cambiaba los jugos a otro tanque. ¿Pero cómo le vas a echar a un Cabernet lo del otro tanque? En ese momento era casi un sacrilegio. Pero para mí, a los 30 años, el único que entendía las cosas era yo.
- Hoy somos un grupo de enólogos de una generación y con una personalidad distinta. Eso tiene que ver con una historia de país y una democracia que tenemos desde 1983.
- Los vinos argentinos tienen una gran relación precio- calidad y una historia de 250 años. Somos el Viejo Mundo en el Nuevo Mundo. Nos basamos en la gente como parte del terroir y esa posición del grupo enológico argentino es la que nos está dando resultado. En los últimos 20 años salimos a competir y nos mostramos como una industria antigua que se pudo adaptar al mundo.
- La calidad del vino puede estar determinada por un crítico de vinos y un consumidor que lo sigue, o por el aspecto conceptual que estamos trabajando, en el cual el vino de calidad es el que mejor expresa la identidad del viñedo.
- Para hablar de identificación geográfica, como en Europa, hay que tener mucha paciencia. Hoy el mundo nos está conociendo por provincia y alguien más osado puede hablar de Valle de Uco o Agrelo. Creo que de regiones no vamos a hablar hasta dentro de 100 años, porque la viticultura tiene que ver con una cultura que va a ir evolucionando en los próximos 20, 30, 50, 100 años. Es un trabajo que nosotros tenemos que iniciar ya.
- Mi trabajo es hacer vino, pero sobre todo soy un consumidor y busco si me gusta o no. No hay que darle más vueltas. Una simple sensación organoléptica que puede estar sumada a una historia, una región o una identidad. Ese es el trabajo que nos va a llevar 100 años, entender que en Gualtallary el vino tiene cierta acidez y que cuando vas a comprar una botella de esa zona puedas encontrar eso.
- El Enemigo es mi proyecto personal. El concepto es uno mismo frenándose. Porque hacés los vinos que le gustan a la gente, los compran y los vendés y para qué vas a cambiar esa tranquilidad y vas pedaleando la bicicletita. Ese es el peor enemigo tuyo: el miedo. El tremendo miedo de cambiar algo las pequeñas cositas que has conseguido y que sólo son paredes de telgopor. El Enemigo es eso..., ¿y qué puede pasar, que no venda más el vino? ¿Y? ¿En vez de Cancún me iré a Chile? El Enemigo tiene esa impronta de recorrer sin nada que perder. Pero ojo que puede gustarte.
- Creo en la diversidad para hacer vinos. Durante muchos años hemos intentado homogeneizarlos. Pero la gente se puede cansar y empezar a tomar otras bebidas, que ya ha pasado. Tenemos que ir en contra de eso y ofrecer diversidad para que puedan elegir.
- Nuestro mercado interno es uno de los más formados y bebe vino por una cuestión cultural, no aspiracional. Es fundamental comprender y respetar eso. Hay que elaborar y hacer crecer el mercado al lado del consumidor. Puede pasar que no los tome, entonces los enólogos deberemos cambiar. El consumidor pone las reglas, me guste o no.
- El mundo ve gente apasionada, con una cultura de trabajo conjunto, lucha e investigación. En el hacer del vino hubo un gran cambio. Casi como una transmutación genética que cambia y salta a otra cosa. Ves la evolución de los vinos del 60 al 90 y cuando probás los de 2000 es casi otra bebida. Esa teoría la estoy escribiendo.
- @ alevigilmalbec Ama la literatura, la música y su familia. El Malbec y los buenos vinos. Sus días son de 48 horas. En el brazo tiene tatuada la palabra Malbec y el nombre de su hijo, Juan Cruz
matías michelini
- Decidí tener mi propio estilo después de muchos años de trabajar en bodegas y hacer vinos para ciertos mercados. Tengo una libertad infinita para hacer el vino que siento.
- Todo cambia y con una sola vendimia no aprendés. Estamos conociendo el lugar, el clima, las piedras, el viento, la nieve. Hago vinos que interpretan el terruño y trato de plasmarlo en la botella. Los vinifico en unos huevos, ya que su forma sin vértices recibe una energía de la que resulta un vino más expresivo, más intenso y de mayor carácter. No usamos electricidad. Lo más natural posible.
- El vino argentino es como nosotros: amistoso y con distintos caracteres que expresan diversidad. La Argentina tiene tradición, amistad y familia. Donde se produce vino hay sol y donde hay sol la gente está muy contenta.
- @ micheliniwine Fan y apasionado de la naturaleza, Tupungato y Gualtallary. Gran hacedor de increíbles blancos
alejandro colo sejanovich
- La viticultura me gustó cuando empecé Agronomía. En 1992 trabajé con el control de madurez y conocí viñedos en Valle de Uco. Estudié enología en Montpellier y arranqué en Catena en una época de cambios muy drásticos del vino.
- Desde el inicio quise hacer algo distinto, cambiar totalmente los vinos de estilo oxidado que había en el país. La verdad no existe y lo que hoy creemos que es cierto mañana no existe. Tiene que haber un cambio permanente y eso está relacionado con el conocimiento y con la experiencia.
- Creo que hay vinos para tomar todos los días, más económicos, que se toman sin pensar, y otros para tomarte el tiempo y disfrutarlos.
- Me encanta el viñedo y el hombre que lo plantó. El vino nace ahí. La bodega es el instrumento.
- @ colosejanovich Nació entre viñedos. Fue parte del gran cambio de la enología. En actividad desde 1992. Ama el trabajo entre las uvas
matías riccitelli
- Creo que hay que tener mucha pasión por esto. No sé si hay que hacer cosas distintas, sino trabajar con muchas ganas. Mi viejo me lo dijo el primer día: la enología no es para cagones.
- Mis vinos ganan premios porque salen de la uva. Lo fundamental es dónde conseguir la uva, el momento de cosecha. Eso determina la calidad del vino.
- República del Malbec representa los mejores Malbec de cada una de las regiones. Son buenos y diferentes.
- @ RiccitelliWines Fan de viajar, de la buena gastronomía y los buenos vinos. Tradición familiar de vinos de calidad
marcelo pelleriti
- Con los vinos cada creador tiene que mostrar su personalidad, y a mí me gustan los que surgen de las zonas que te desafían. Zonas únicas de las que siempre se va a hablar: Cafayate, en Salta; Fátima, en La Rioja; Altamira, La Consulta o Vistalba, en Mendoza. Hay zonas más nuevas, pero tienen un material genético muy bueno que hay que cuidar.
- En 2001 me contrataron para trabajar en Francia, para Monteviejo, la primera bodega del grupo. Allá me di cuenta de que el suelo lo es todo, pero hay que trabajarlo. Hay muchos que dicen que todo está en el terroir y entonces no se calientan más por cuidar el viñedo, porque cuentan con la apelación de origen. No hacen nada, cuando a otros les cuesta mucho trabajar y vender un vino mucho mejor.
- Hablando de puntaje, que no me gusta mucho, porque entrás en una locura, en el Pomerol arrancamos con 89 puntos y fuimos subiendo. En La Violette sacamos 98 en 2008 y 2009. Con la cosecha 2010, 100 puntos. Pero eso costó un gran esfuerzo.
- El vino que funciona en el mercado es el que yo quiero hacer. Depende de la cantidad de horas de vuelo que tenga por el mundo mostrando mi vino. El que más viaja, más trabaja, más vende. Yo voy con mi botella, hago una degustación y hago comprender al mundo la cultura argentina. Entienden mi vino de otra forma, como cuando agarro mi guitarra.
- Un tema importante es la generación que viene. Nosotros heredamos la tecnología de las bodegas. Los anteriores hicieron el esfuerzo y fueron los que más sufrieron para adaptarse al cambio, porque recibían una materia prima de un viñedo que no conocían y con eso trataban de hace el mejor vino. Hay que apoyar los pequeños proyectos de autor para que crezcan. Son los que le van a dar la identidad al país.
- Nosotros ya tenemos buenos viñedos y la tecnología de bodega es simple. Cada uno sigue su estilo: probar la barrica día a día. Hoy aprendemos mucho con la microvinificación. Una gran parcela, que nunca es homogénea, se divide y se trabaja por separado. Es algo normal que estamos haciendo muchos, lo anormal es la cantidad de trabajo que implica.
- Las cosechas de alta gama de 2010 en adelante nos van a volar la cabeza. No son varietales, son blends y no dicen nada sobre cómo están compuestos, es lo que da el viñedo. El camino va para el lado del blend y de mostrar un conjunto de lo que puede hacer la Argentina.
- @ MarcePelleriti . Ama a su familia, los vinos, la tierra y las buenas guitarras. Es el primer argentino ganador de 100 puntos Parker
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