Basmati: cómo preparar el arroz más rico (Fuente Bien Jugoso por Pablo Hidalgo)
Es una variedad perfumada y muy sabrosa poco conocida en nuestro país por el común de los mortales. Aprendé a preparar al rey de los arroces y olvidate de los mazacotes que pudiste haber comido.
Si fuiste estudiante en provincia ajena el arroz fue la
base de todas tus comidas. Por lo que a mi respecta, cuando me recibí
corría arroz en mis venas y apenas pude tener un peso de más en el
bolsillo –algo que no sucede con frecuencia en el periodismo- abandoné
el arroz para siempre, cansado de esos pastiches de almidón con sabor a
caldo y todas sus variantes posibles.
La gastronomía volvió a reconciliarme con el arroz, de la mano de los grandes risottos de algunos restaurantes, pero sobre todo con el descubrimiento tardío del arroz basmati. Fue en una comida con indios, que lo tomaban con la mano y lo degranaba sobre su boca. Mi idea del arroz cambió para siempre.
El basmati es un tipo de arroz proveniente de la India, Pakistan y Bangladesh, largo y delgado, que tiene la rara característica de un perfume y sabor que pica justo entre las setas y la tierra negra. Por lo que es en sí mismo un complemento perfecto de casi cualquier comida, sumándole textura y aroma a tus platos. El que sea, creeme.
El truco para preparar un buen basmati es uno sólo: nada más tenés que poner tres tazas de agua por cada una de arroz, salar a gusto y ponerlo a hervir. Primero, a fuego intenso y destapado, hasta que se consume el grueso del agua. Eso suele suceder cuando estás rondando los 10 minutos de hervor. Después le bajás el fuego al mínimo posible, lo tapás y contás cuatro a seis minutos más, apagás el fuego y esperás que se termine de cocinar con el vapor restante.
Como el basmati es una arroz que no suelta almidón, no se hace un mazacote ni apelmaza. Por el contrario, se desgrana fácilmente. Servilo con un chorrito de oliva y ya alcanza para tener una guarnición perfecta. Y si le sumás pistachos, nueces, castañas de cajú o almendras rotas, tenés el mejor plato del mundo para acompañar cualquier cosa, si es que este plato en sí mismo no te llena. Lo mismo, si le rociás un poquito de perejil picado o lo mezclás con portobellos cortados y saltados a la provenzal.
Una receta que me gusta hacer consiste en saltar unos camarones con oliva, morrón, ajo y jengibre y servirlos con el basmati limpio, sin que se mezclen. Es un plato que sacás en los 20 minutos que le toma al arroz estar listo desde que lo pones al fuego, sencillo de hacer y que, por su sabor, es de alto vuelo.
La única contra del basmati es su precio. Mientras que un kilo de arroz lo pagás entre 10 y 20 pesos, según el tipo y la marca, un kilo de basmati Dragoni -la marca que vende el super- asciende a 65 pesos (cuando lo conseguís). Pero vale la pena. Porque mientras que el resto de los arroces –doble carolina, grano largo o carnaroli- los usás para hacerte risottos bien potentes y pastosos, el basmati lo usás para comidas simples y de fácil cocción.
Y si por esas cosas de la saturación sufrís el síndrome de la resistencia al arroz post carrera universitaria o estás aburrido de comer el mismo pastiche soso que hacés en la olla, dale una oportunidad al basmati, que te cambiará las comidas para siempre. Y la economía, también, claro. Pero ese es otro cantar.
La gastronomía volvió a reconciliarme con el arroz, de la mano de los grandes risottos de algunos restaurantes, pero sobre todo con el descubrimiento tardío del arroz basmati. Fue en una comida con indios, que lo tomaban con la mano y lo degranaba sobre su boca. Mi idea del arroz cambió para siempre.
El basmati es un tipo de arroz proveniente de la India, Pakistan y Bangladesh, largo y delgado, que tiene la rara característica de un perfume y sabor que pica justo entre las setas y la tierra negra. Por lo que es en sí mismo un complemento perfecto de casi cualquier comida, sumándole textura y aroma a tus platos. El que sea, creeme.
El truco para preparar un buen basmati es uno sólo: nada más tenés que poner tres tazas de agua por cada una de arroz, salar a gusto y ponerlo a hervir. Primero, a fuego intenso y destapado, hasta que se consume el grueso del agua. Eso suele suceder cuando estás rondando los 10 minutos de hervor. Después le bajás el fuego al mínimo posible, lo tapás y contás cuatro a seis minutos más, apagás el fuego y esperás que se termine de cocinar con el vapor restante.
Como el basmati es una arroz que no suelta almidón, no se hace un mazacote ni apelmaza. Por el contrario, se desgrana fácilmente. Servilo con un chorrito de oliva y ya alcanza para tener una guarnición perfecta. Y si le sumás pistachos, nueces, castañas de cajú o almendras rotas, tenés el mejor plato del mundo para acompañar cualquier cosa, si es que este plato en sí mismo no te llena. Lo mismo, si le rociás un poquito de perejil picado o lo mezclás con portobellos cortados y saltados a la provenzal.
Una receta que me gusta hacer consiste en saltar unos camarones con oliva, morrón, ajo y jengibre y servirlos con el basmati limpio, sin que se mezclen. Es un plato que sacás en los 20 minutos que le toma al arroz estar listo desde que lo pones al fuego, sencillo de hacer y que, por su sabor, es de alto vuelo.
La única contra del basmati es su precio. Mientras que un kilo de arroz lo pagás entre 10 y 20 pesos, según el tipo y la marca, un kilo de basmati Dragoni -la marca que vende el super- asciende a 65 pesos (cuando lo conseguís). Pero vale la pena. Porque mientras que el resto de los arroces –doble carolina, grano largo o carnaroli- los usás para hacerte risottos bien potentes y pastosos, el basmati lo usás para comidas simples y de fácil cocción.
Y si por esas cosas de la saturación sufrís el síndrome de la resistencia al arroz post carrera universitaria o estás aburrido de comer el mismo pastiche soso que hacés en la olla, dale una oportunidad al basmati, que te cambiará las comidas para siempre. Y la economía, también, claro. Pero ese es otro cantar.
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