Las bodegas desembarcan en la ciudad



Fuente: Clarín | IEco | Oscar Martínez.
restaurant del fin del mundoLentamente, la industria vitivinícola prueba nuevos caminos para seducir, a los consumidores porteños y bonaerenses. En este caso se trata de la apertura de “casas” de bodegas que, en la mayoría de los casos, son inmuebles en los que se realizan actividades típicas, como degustaciones y presentaciones de productos; otras son temporales, hay algunas que tienen restaurantes con todas las de la ley e incluso hoteles cinco estrellas.
Para quienes conozcan las provincias vitivinícolas, las “casas” no son novedad, ya que cualquier tour incluye varias opciones, en algunos casos incluyendo alojamiento y diversas actividades. Pero no hace tanto que la tendencia se instaló también en Buenos Aires.

Es posible que el pionero local de la tendencia sea la bodega Nieto Senetiner, que además de la casa ubicada en Recoleta, también tiene otra en San Pablo, Brasil. “Desde 2000 la bodega decidió tener una política de difusión de sus productos, pero hay que recordar que en aquellos momentos, prácticamente no había escuelas de sommeliers. Pero en 2002 se fundó la Escuela de Enófilos, que fue la primera iniciativa en ese sentido y desde la bodega se decidió convertir aquel conjunto de actividades en algo más orgánico. Y en 2005 la Escuela se convierte en Casa Nieto Senetiner”, relata José María Cornellá, responsable del establecimiento. La Casa es de libre acceso y, si bien no es un restaurante, “siempre se pueden encontrar maridajes”.
En Palermo hay varios establecimientos de este tipo. Uno es el de Bodegas López, un clásico argentino. “En nuestro centro de distribución de Palermo tenemos un amplio salón para degustaciones y presentaciones para nuestros clientes y para todos aquellos que quieran utilizarlo”, dice Eduardo López Laurenz, director de la bodega. “No está abierto al público, pero no descartamos hacerlo en poco tiempo, aunque hay interés de empresas por utilizarlo”, asegura.

Cerca de López, con una estética “sureña” se encuentra Experiencia Fin del Mundo, de la neuquina Bodega del Fin del Mundo. Es un restaurante abierto al público que, además, ofrece actividades puntuales sobre degustaciones, cursos y actividades conexas. Según Ana Viola, directora de la bodega, “la idea fue aprovechar el tránsito de visitantes interesados por el vino y la gastronomía y acercarlos a lo que la Patagonia tiene para ofrecer en cuanto a los vinos, los sabores e incluso la estética”. También se realizan catas de vinos, cursos, talleres, eventos corporativos y hasta clases de cocina patagónica.
Con otro estilo y propuesta, El Esteco, la bodega salteña del Grupo Peñaflor, funciona dos meses, entre octubre y fin de año. “Es una casa itinerante que fue modificando sus propuestas. Tuvimos una académica, en donde se participaba de degustaciones guiadas por especialistas, otra donde se combinaron actividades comerciales con presentaciones de productos y la última la hicimos en Palermo, con un ánimo más bien de diversión”, explicó Mayra Maioli, vocera del Grupo. No son abiertas al público, pero tampoco descartan no hacerlo ya que “el interés por la cultura enológica crece y nosotros somos los mayores productores, vendedores y exportadores de vino”.

Un proyecto similar, pero con algunos toques diferentes, es el de Finca Propia, que no es exactamente una bodega, sino un fideicomiso vitivinícola encabezado por el conocido enólogo Antonio Mas. “El objetivo es que nuestros socios puedan vivir la finca en Buenos Aires. Ofrecemos un estilo de vida que incluye la tierra en Tupungato, capacitación, catas, cursos y seminarios. La casa estará abierta todos los días con diferentes propuestas para elevar la cultura vitivinícola de la gente” asegura Santiago Mas, director de Finca Propia.
Hoteles boutiques cinco estrellas también son de la partida. “El mes de julio, la idea es focalizarnos en promocionar la bodega del hotel, Algodón Wine Estates. Entre las acciones se encuentran: degustaciones abiertas al público de la bodega, dos veces al mes; un nuevo Menú Wine Estates, con productos tradicionales de la Finca de Mendoza, maridado con nuestros vinos; habrá una ‘Noche del Bonarda’ con música jazz en vivo y platos pensados en función de este tipo de vino, entre otros eventos”, anticipó Agustina Rotondaro, del hotel Algodón Mansión.
Faltarán las montañas, pero está bueno tener aunque sea una parte de Mendoza aquí cerca.

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