José Zuccardi: Cada día hay que hacer lo que uno cree y hacerlo con toda entrega y pasión
Fuente: El Sol Online | Fernando Hidalgo
¿Cómo creció en su empresa este compromiso social? Imaginamos que primero fue con sus empleados.
Nosotros entendemos la empresa como una institución dentro de la sociedad, en la que un conjunto humano desarrolla su actividad laboral y, de alguna manera, nos relacionamos y le aportamos nuestro grano de arena. Como empresa establecimos objetivos y nuestra misión tiene cuatro puntos centrales. El primero es la calidad. Todo lo que hacemos tiene que apuntar a un grado creciente de calidad. El segundo es la innovación. Creemos que el vino no es sólo tradición, es también calidad. El tercer aspecto es el cuidado del medioambiente. Entendemos que los que nos sucedan, por lo menos deberán trabajar en las condiciones en las que nosotros lo estamos haciendo. Tratamos de evitar impactos negativo en el medioambiente en el que trabajamos. El cuarto aspecto es ser útiles socialmente. Cuando tomamos una decisión en la empresa, evaluamos estos cuatro aspectos y cada decisión que tomamos debe estar, al menos, en función de uno de estos y en contra de ninguno de ellos.
¿Cuándo se despertó en usted esta necesidad? Familia Zuccardi tiene una escuela, ha donado un terreno para que se genere un CENS, contiene a los hijos de los viñateros mientras sus papás van a la cosecha, vacunan gratis a sus empleados. ¿Cuándo surge esta idea?
Mi padre, quien vive, tiene 91 años, plantó los primeros viñedos en 1963, hace casi 50 años, y desde la fundación de la empresa siempre tuvimos una orientación en este sentido: de decir que esta es una institución de la sociedad. Muchas veces, la gente piensa que una compañía tiene un solo fin: la rentabilidad. No es nuestro caso, no pensamos que eso sea la empresa, la rentabilidad es una condición. Siempre me gusta decirle a la gente que trabaja con nosotros que la rentabilidad es a la empresa lo que la respiración es a las personas. Si uno deja de respirar muere, y nadie viviría sólo para respirar.
Lo mismo las empresas: tienen que tener rentabilidad para reinvertir, para sostener su equipo humano, sus instalaciones, pero la rentabilidad no es un fin en sí mismo.
Son 800 familias con demandas diferentes. ¿Cómo se hace para canalizar estas necesidades?
Estamos tratando de desarrollarnos, y hacemos cosas y sentimos que tenemos muchas más para hacer. Por ejemplo, en Santa Rosa, que es uno de los lugares donde trabajamos y donde tenemos una de nuestras fincas más grandes, construimos un centro cultural. Allí se hacen actividades relacionadas con el deporte, la cultura, la formación integral de las personas. Es un ámbito donde se desarrollan programas que financiamos nosotros y también otros que financia el Estado, como centros de educación para adultos. Buscamos que todas las personas que trabajan en la empresa tengan educación. Por ejemplo, dentro del área agrícola, que tengan su educación primaria con la posibilidad de hacer la secundaria. Tratamos no sólo de hacer, sino también de generar el ámbito donde muchos recursos que la sociedad pone, que el Estado aporta se puedan hacer realidad de alguna manera.
Como el ciclo del vino, quien trabaja la tierra, tiene otra sabiduría que el citadino, porque tiene que esperar el ciclo de la naturaleza. No se puede acelerar el otoño, hay que esperar la primavera, la vendimia. Ustedes hace muchos años empezaron con esta idea y no vieron los resultados inmediatamente. ¿Cómo se hace para no caer en la contradicción de decir: “Yo aporté mucho dinero, mucho esfuerzo, y no veo los resultados”. ¿Cómo se le dice a alguien que esto se puede hacer pero hay que esperar los resultados?
El tiempo es un factor importante en toda actividad de la vitivinicultura. Todo este factor del tiempo está íntimamente ligado al proceso del vino. Hay una condición muy interesante. Estamos en una región que se está posicionando cualitativamente, la calidad de los vinos ha crecido enormemente. Nosotros hoy, 60% de los vinos que producimos los vendemos en casi 50 países y esto es muy interesante porque también hay una relación entre el clima, el suelo y las personas. El factor tiempo está también vinculado a una realidad geográfica climática y humana. Todo esto se junta en el vino, el cual es la expresión del clima y del suelo pero también de la gente. La prueba de esto es que si el mismo viñedo lo cultiva gente diferente produce calidad distinta; si los enólogos son diferentes se obtienen vinos distintos.
A veces no se pregunta: ¿”Tanto esfuerzo para qué”? Con la gente, digo…
En nuestro caso, hemos venido desarrollándonos, creciendo, trabajando una empresa familiar, pero no sólo en el concepto sanguíneo de la familia. Para nosotros, ella es el conjunto humano con el que compartimos objetivos y valores. Cuando hablamos de la Familia Zuccardi, lo hacemos del conjunto de gente que trabaja en nuestra organización. Y, realmente, el proceso que hemos venido siguiendo y el desarrollo de la empresa en los mercados internacionales –y en el propio mercado argentino– han sido el resultado del trabajo constante, y pensando en el largo plazo de un conjunto humano que se ha ido expandiendo a medida que se han ido logrando resultados.
Dicen que lo que no se mama en la cuna difícilmente se pueda aprender. Don Alberto y doña Ema, ¿cuánto han tenido que ver con este concepto de una empresa con alto contenido de responsabilidad social?
Mi padre y mi madre trabajaron siempre con este concepto. Y fue natural en ellos interesarse en las personas con las que trabajaban, y también saber que el resultado del producto que obtenemos tiene que ver con la calidad de esas personas.
Somos muy conscientes de que la calidad de un vino tiene que ver con la calidad de las personas que lo producen. En el vino, desde la tierra hasta el momento en que se va a consumir, siempre va a estar el cuidado del detalle en la plantación, en el cultivo, en una poda adecuada, en una cosecha cuidadosa, en un servicio correcto; todo eso agrega valor, entonces, la empresa son las personas.
Usted y otros empresarios han conformado un frente muy importante respecto de la RSE. ¿En algún momento se imaginaron, quienes iniciaron este camino, contener a tanta gente? ¿Cuánto de lo que ustedes hacen lo debería hacer el Gobierno o el Estado?
En alguna medida estamos haciendo el rol que nos corresponde. Tenemos también en Santa Rosa una cooperativa eléctrica con trabajadores. Eso ha significado un progreso muy importante para la zona, porque también hemos hecho acuerdos con Vialidad para hacer caminos; con el IPV para construir casas, con la DGE para aumentar la oferta educativa. Yo creo que, muchas veces, tiene que haber una interrelación entre las organizaciones de la sociedad y los gobiernos porque, indudablemente, no se le puede pedir al Estado que haga todo. Hay que generar condiciones para que muchos programas de los gobiernos sean viables y puedan desarrollarse.
En Mendoza, cuando usted le dice a un colega suyo: “Por qué no te sumás a esta iniciativa”, ¿cuál sería la forma de explicar por qué le conviene?
Entiendo el trabajo, la actividad y la empresa como una forma de vivir. Creo que es muy gratificante hacer cosas que a uno le permitan lograr objetivos pero que sirvan también para que muchas personas puedan lograr una vida de mejor calidad. La excelencia de los productos tiene que ver con todo esto. En realidad, es un acto de consciencia, las personas que entienden esto pueden obtener una enorme recompensa trabajando con pasión. Nosotros somos una empresa familiar, local, que se desarrolló con mucho esfuerzo, mucho trabajo, mucha creatividad. No hay un banco, un grupo inversor que soporte esto. Somos una empresa que está sostenida por la gente que compra y consume nuestros productos. Por lo tanto, entendemos, y lo hablamos, que nuestro patrón es el consumidor, es nuestro jefe quien compra nuestros productos. Si alineamos todos los esfuerzos para satisfacer a esa persona –y esto lo hacemos en un ámbito de armonía donde la calidad de vida contribuye en todo ese proceso–, finalmente, se expresa en el producto.
¿Se acuerda de un caso, con nombre y apellido, por ejemplo, “tal terminó la secundaria”?
Tenemos muchos casos y muy interesantes. Somos una empresa donde todos los gerentes son formados en la organización. En estos últimos tiempos hemos iniciado fincas nuevas y todas están dirigidas por personas que son hijas de antiguos trabajadores. Personas que empezaron como obreras, sin especialización, fueron creciendo, tomando responsabilidad y hoy dirigen partes importantes de la compañía.
¿Cómo ve el futuro de este trabajo, del que hay resultados concretos? ¿Cómo se imagina usted en 30 años?
Mi madre siempre dice que hay dos días de los que no puedo hablar: ayer y mañana. Hay que ir desarrollándose en lo que uno va haciendo. Cada día hay que hacer lo que uno cree que haya que hacer y hacerlo con toda la entrega y la pasión necesarias.
¿Se puede?
Se puede. Tenemos un país fantástico. Yo viajo mucho y, como buen argentino, protesto por cosas que podemos mejorar, pero siempre vuelvo con muchas ganas. No es casual lo que está pasando con el vino argentino en el mundo. Cosas que nosotros hacemos son muy apreciadas y muy valoradas. Tenemos que ver dos aspectos: recuperar el orgullo de nuestras propias cosas y saber que de nosotros depende. No tenemos que esperar que todo lo hagan los gobiernos. Las sociedades pueden hacer muchas cosas por sí mismas y no siempre en la crítica está el camino por el cual el ciudadano puede expresarse. Tenemos una sociedad con muchos problemas, como cualquiera, pero con mucho potencial y muchas posibilidades.
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