El último golpe a la vitivinicultura



Fuente: MDZFederico Manrique.
copa rotaLa batalla desatada por el Gobierno contra el dólar le está asestando un duro golpe a la vitivinicultura, y marca el corolario de una serie de factores que están amenazando la evolución futura de uno de los sectores más dinámicos y admirados de la economía provincial y nacional. Los nuevos plazos para liquidar divisas afectan a más de 8 de cada 10 litros exportados y pueden dejar fuera de mercados clave al vino argentino.


En twitter: @Fede_Manrique
La situación es crítica y el pronóstico reservado. Pensemos un momento. ¿Cómo crees que le puede ir a un sector productivo que enfrenta el siguiente panorama?: suba de costos en dólares frente a un escenario de estancamiento en el tipo de cambio con alta inflación interna; crisis global, con excedentes de producción en los principales países productores del mundo; trabas para importar insumos básicos, restricciones a la compra de dólares que impiden hasta el más mínimo viaje al exterior para promocionar productos; atraso en el reintegro de impuestos a los exportadores, e imposición de plazos imposibles de cumplir para liquidar divisas bajo pena de sufrir un juicio penal.
Todo esto padece hoy la vitivinicultura, uno de los motores del crecimiento y la carta de presentación de Mendoza al mundo.
La batalla desatada por el Gobierno nacional contra el dólar y la fuga de capitales, le está asestando un duro golpe a la vitivinicultura, y marca el corolario de una serie de factores que están amenazando la evolución futura de uno de los sectores más dinámicos y admirados de la economía nacional.

Absorber divisas
Hace poco más de un mes, el Gobierno nacional por medio del Banco Central cambió las condiciones en las que los exportadores debían ingresar las divisas (dólares) fruto de sus ventas al exterior. Hasta ese momento, todo exportador argentino tenía 180 días para traer al país los dólares que obtenía por la venta de sus productos en el exterior, más 120 días hábiles más en concepto de “plazo de excedencia”. Esto implicaba que tenían un plazo máximo de casi un año para cobrar por la venta de sus productos y traer los dólares al país.
Pero esto cambió. El afán del Banco Central por tratar de traer todos los dólares que pueda al país hizo que se achicaran drásticamente los plazos. Luego de varias idas y vueltas, con cambios y excepciones mediante, hoy todas las empresas (en esta caso las bodegas) que exportaron por menos de U$S2 millones durante todo el 2011 tienen un plazo máximo de 180 días corridos para liquidar sus exportaciones, explica Mariano Chaud, gerente financiero de la bodega Finca Decero.
En cambio, las empresas que exportaron por más de U$S2 millones en todo 2011 sufrieron una reducción en los plazos de hasta no más de 90 días.

Pero hay más, ya que también se dispuso que las empresas “relacionadas”, estas son las filiales de multinacionales que operan en el país, no tienen más de 30 días de plazo (antes eran sólo 15 días) para cobrar por sus exportaciones y liquidar los dólares en el país.
En cualquiera de los casos, las empresas que no cumplan con estos plazos pueden enfrentar cargos penales. Así están planteadas las cosas.


Fuera del mercado
Esta nueva disposición del Banco Central directamente deja fuera de mercados clave a la vitivinicultura argentina, ya que las empresas que exportaron vino por más de U$S2 millones en 2011 representan entre el 83% y 87% del volumen total de vino exportado. Es que destinos clave para el vino argentino como Canadá, los países nórdicos o hasta el mismo Brasil manejan plazos de pago por más de 150 días desde recibido el vino, por lo que vuelve imposible vender y cobrar a tiempo como para cumplir con las restricciones impuestas por el Banco Central.
“El resto del mundo maneja otros plazos. Brasil maneja 150 días de plazo. Canadá paga  60 días después que vendió toda la mercadería. En términos generales son 120 a 150 días mínimo. Es ilógico pensar que por que somos argentinos nos van a pagar antes que a otros países. El problema es que estamos dando muy malos mensajes a los importadores del mundo”, explica Chaud.

“Estirar los plazos de pago nos ayudaba a ganar mercados ofreciendo ventajas a los importadores, por eso ahora se complica todo. Esto le agrega problemas domésticos a una situación crítica mundial”, advierte Lucas Dalla Torre, export manager de Fincas de la Juanita, antes de señalar que “esto ensucia la cancha a la hora de sentarse a vender. Es un problema insólito y te carga con una mochila extra en un momento complicado para la industria en la que los costos internos se han comido gran parte de la rentabilidad”.
En la práctica y frente a la imposibilidad de cumplir con los tiempos establecidos, las bodegas argentinas ahora dependen más que nunca del importador, si es que quieren correr el riesgo de exportar. Es que para poder cubrir la diferencia entre los plazos de pago y los que impone el Gobierno para liquidar las divisas en el país, el importador (intermediario) va a tener que lograr que el comprador pague antes o va a tener incluso que salir a pedir un crédito para pagar antes lo que puede llegar a vender y cobrar en 150 o 180 días. Demasiado esfuerzo para un importador que tiene a su alcance la posibilidad de comprar vino chileno, australiano o bien europeo en mejores condiciones financieras.


Disgusto y bronca
“Lo de las exportaciones (y los plazos para liquidar divisas) es un desastre y a nadie le importa. Van a destrozar a un montón de empresas y puestos de trabajo. Es la peor decisión económica que ha tomado este Gobierno y la que más efecto negativo puede llegar a tener. Yo no sé quienes toman las decisiones en el Gobierno, pero además de su arrogancia habitual se suma su ignorancia supina”, contestó desde su teléfono vía mail José Manuel Ortega Fournier, de bodega O. Fournier, curiosamente en viaja China para tratar de promocionar sus vinos.El problema es que, si bien el acortamiento de los plazos para cobrar y liquidar las exportaciones afecta a entre 8,3 y 8,7 litros por cada 10 litros exportados, la medida afecta especialmente a los grandes, que son los que más exportan. Es que las “empresas relacionadas” tienen sólo 30 días para liquidar sus exportaciones, y aquí entran las multinacionales con bodegas en Mendoza como Chandon, Navarro Correas (Diageo), Trivento (Concha y Toro), La Celia, Séptima o Graffigna en San Juan, por sólo nombrar algunas.

El diagnóstico y la bronca son compartidos por las cámaras empresarias vitivinícolas, que ya iniciaron acciones ante el Gobierno de Mendoza y la Nación para tratar de revertir esta decisión y lograr una excepción para la vitivinicultura. El pedido está, aunque la respuesta aun no llega.
“Está muy claro que la vitivinicultura no especula ni retiene divisas ni está en condiciones de hacerlo, ni puede fijar condiciones en el mercado mundial de vinos”, advierte Sergio Villanueva, gerente de la Unión Vitivinícola Argentina (UVA), antes de señalar que “estamos a la espera de lo que pasa. Ya hubo una reunión entre José Zuccardi, el ministro (de Agroindustria) Marcelo Barg y miembros de Fecovita con el ministro de Economía y el tema ya lo conocen Guillermo Moreno y Beatriz Paglieri. Ahora la decisión es política”.


Impacto generalizado
“Ya hemos hecho dos notas en las que se adhirieron las otras cámaras vitivinícolas del país. El reclamo está planteado y se logró que se modifiquen algunos plazos, aunque lo que se ha logrado hasta ahora es muy poco”, admite Juan Carlos Pina, gerente de Bodegas de Argentina (BdA), antes de señalar que lo que más asusta a las bodegas y está llevando a que muchas dejen de exportar es que si no se cumplen con los plazos dispuestos por el Gobierno, los directores pueden sufrir causas penales por delitos tributarios.
La sensación generalizada es que la vitivinicultura es, como ocurre en general con las economías regionales, una víctima colateral de una medida macroeconómica tomada por el Gobierno nacional con el sólo objetivo de hacerse rápido de dólares en momentos en los que escasean y los necesita el Tesoro para poder hacer frente al pago de los próximos vencimientos de deuda.

El problema es que la víctima colateral le puede asestar un duro golpe a la economía mendocina. “Nosotros exportamos valor agregado. El vino representa el 30% a 35% del valor total exportado, el resto demanda compras en el mercado interno de insumos y servicios. Si se para esto, el impacto se va a sentir en el resto de la economía”, advierte Juan Carlos Pina de BdA.
“Sin duda, si esto no se revierte, se van a ver afectados los números del sector y los niveles de empleo.  La vitivinicultura está sufriendo decisiones macro que no tienen en cuenta los intereses y las posibilidades reales del sector”, agrega Sergio Villanueva.

Por lo pronto, el ministro de Agroindustria de Mendoza, Marcelo Barg, viaja hoy a Buenos Aires para llevar este reclamo a la Nación. A su regreso, está prevista una reunión mañana entre funcionarios del gobierno provincial y miembros de  las cámaras vitivinícolas a la espera de resultados.

Comentarios

Entradas populares