Maridaje por tradición
Fuente: La Nación | Marina Beltrame.
Son numerosas las propuestas de maridaje por tradición y son aceptadas voluntariamente, sobre todo en zonas donde se cuenta con mucho turismo. Al degustar los productos locales, los visitantes tienen la sensación de participar en el espíritu del lugar y sus raíces enogastronómicas y culturales. Los ejemplos son innumerables y podríamos citar, en nuestro país, al menos tres bien representativos: las empanadas salteñas con Torrontés, el asado con Malbec y el cordero patagónico con Merlot.
Si nos permitimos viajar, hay maridajes regionales tan exitosos localmente que incluso han sido adoptados por otros países con productos de características similares. Esto se refleja claramente en muchas combinaciones entre quesos y vinos, por citar sólo uno podemos mencionar al queso azul con un tinto dulce fortificado, tal como impuso el mercado inglés casando su queso Stilton con vinos de Porto.
Otros casamientos: el foie gras del sudoeste de Francia y los vinos blancos de cosecha tardía tal como se dan en Sauternes, ostras con Champagne, jamón con fino de Jerez, biscotti con una mistela del sur de Italia, etcétera.
Además, si se abren las posibilidades a otras bebidas, aparecen innumerables opciones: en Rusia la gente come caviar con vodka, y en América Central, la sobremesa es de chocolates, tabacos y rones. También encuentran armonía algunas cervezas con las ensaladas, dadas las notas amargas que las hojas pueden presentar o los aderezos utilizados para condimentar que, en muchos casos, compiten con los vinos.
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