Slowkar, paseando en 2CV por las rutas del vino
Ramiro Marquesini, joven mendocino ligado a la industria vitivinícola presentó una empresa nueva. Quiere sumarse así al estilo que propone Slowfood. Se trata de Slowkar,
un servicio de alquiler de autos Citroen clásicos, restaurados
completamente a nuevo, para pasear, por ejemplo, por lo caminos del
vino. También se puede alquilar una “rana”, como se le decía entonces al
3CV (nombre con que se conoció en Argentina al 2CV6), para casamientos,
cumpleaños y aniversarios, o para encuentros de ejecutivos que quieran
descansar en posadas deliciosas escondidas entre hileras de Malbec y
Tempranillo. Marquesini dice que “Slowkar es un emprendimiento destinado a un turismo que prefiera saborear territorio y cultura. Que quiera andar por la vida en tiempos reales Si nos subimos al Citroen 3cv dejamos por unas horas el
blindaje de los autos modernos. Slowkar es una alternativa para los
que, sin apuro, quieran dar una vuelta por las rutas del vino”.
Subite a la rana. Mirá la montaña. Tomate unos vinos. Hacete un mate. Entrá en las bodegas, flamantes protagonistas de un despegue industrial que renovó sabores ancestrales. Coquimbito, Vistalba, Chacras de Coria, Agrelo. Disfrutá de la nostalgia. Como arqueólogo al volante no te pierdas el pasado. Entre yuyos y jarillas, restos, ruinas de adobe nos cuentan que el vino es Mendoza. Terruño. Más aún si en un Citroen 3cv das una vuelta entre calles y callejones de tierra que atraviesan algunos de los territorios más beneficiados por un clima y un terreno fantástico. Aluvional y arenoso, Perdriel, por ejemplo, nos ofrece vinos y paisajes inolvidables. Al oeste el Cordón del Plata. Casi siempre nevado.
Sacá la mano, tocá el viento. Abrí el techo, tocá el cielo. Frená. Bajá. Sacate los zapatos. Meté los pies en alguna de las acequias que riegan los viñedos. Cristalina y fresca, el agua de Mendoza es historia. Pasá por el dique que construyó el romano Cesare Cipoletti. Y la calle Cobos, la que más bodegas tiene a sus lados: Achaval Ferrer, Viña Cobos, Montequieto, Belasco Baquedano. Poné la llave, encendé el Citroen. Encontrarás casitas a los costados del camino. Te acompañará el agua que, desde la montaña, llega por las hijuelas a los costados del camino. Verás a los pobladores que se mueven en bicicleta. Son los mismos que desde más de dos siglos cultivan el terroir que convierte al vino en nuestra bebida nacional. O hacé unos kilómetros más y dale unas vueltas al Valle de Uco. Subí hasta el Manzano histórico donde San Martín descansó de vuelta de la Campaña Libertadora en Chile y Perú. Poné primera. Invierno, primavera o verano. Además de bodegas, tenés posadas encantadoras y restaurantes riquísimos.
Pero en otoño es diferente. Aprovecha Semana Santa. Porque “no es lo mismo el otoño en Mendoza, hay que andar con el alma hecha un niño”. Slowkar es pasear entre paisajes nuevos con recuerdos de infancia y aromas de frutos rojos, violetas, café, tabaco y especias. Sin apuro, en un Citroen 3cv. Date una vuelta por www.slowkar.com. Y, apenas puedas, andá a Mendoza, tenés lista la rana.
Subite a la rana. Mirá la montaña. Tomate unos vinos. Hacete un mate. Entrá en las bodegas, flamantes protagonistas de un despegue industrial que renovó sabores ancestrales. Coquimbito, Vistalba, Chacras de Coria, Agrelo. Disfrutá de la nostalgia. Como arqueólogo al volante no te pierdas el pasado. Entre yuyos y jarillas, restos, ruinas de adobe nos cuentan que el vino es Mendoza. Terruño. Más aún si en un Citroen 3cv das una vuelta entre calles y callejones de tierra que atraviesan algunos de los territorios más beneficiados por un clima y un terreno fantástico. Aluvional y arenoso, Perdriel, por ejemplo, nos ofrece vinos y paisajes inolvidables. Al oeste el Cordón del Plata. Casi siempre nevado.
Sacá la mano, tocá el viento. Abrí el techo, tocá el cielo. Frená. Bajá. Sacate los zapatos. Meté los pies en alguna de las acequias que riegan los viñedos. Cristalina y fresca, el agua de Mendoza es historia. Pasá por el dique que construyó el romano Cesare Cipoletti. Y la calle Cobos, la que más bodegas tiene a sus lados: Achaval Ferrer, Viña Cobos, Montequieto, Belasco Baquedano. Poné la llave, encendé el Citroen. Encontrarás casitas a los costados del camino. Te acompañará el agua que, desde la montaña, llega por las hijuelas a los costados del camino. Verás a los pobladores que se mueven en bicicleta. Son los mismos que desde más de dos siglos cultivan el terroir que convierte al vino en nuestra bebida nacional. O hacé unos kilómetros más y dale unas vueltas al Valle de Uco. Subí hasta el Manzano histórico donde San Martín descansó de vuelta de la Campaña Libertadora en Chile y Perú. Poné primera. Invierno, primavera o verano. Además de bodegas, tenés posadas encantadoras y restaurantes riquísimos.
Pero en otoño es diferente. Aprovecha Semana Santa. Porque “no es lo mismo el otoño en Mendoza, hay que andar con el alma hecha un niño”. Slowkar es pasear entre paisajes nuevos con recuerdos de infancia y aromas de frutos rojos, violetas, café, tabaco y especias. Sin apuro, en un Citroen 3cv. Date una vuelta por www.slowkar.com. Y, apenas puedas, andá a Mendoza, tenés lista la rana.
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