Entre los (viñedos) más australes del mundo (Chubut y Santa Cruz)
Fuente: Clarín
Ollas y Sartenes
Fernando Muñoz Pace.
En la Argentina, el mapa de los vinos siempre ofrece novedades. La frontera de las vides se va corriendo y llegó a Chubut. Y, desde hace unos meses, a Santa Cruz. Y aunque al tema de los récords conviene dejarlo en manos del Guinness, no hay dudas de que estos viñedos figuran entre los más australes del mundo.
“En noviembre, plantamos Chardonnay en Los Antiguos (Santa Cruz), pero necesitamos unos tres años para afirmar estos viñedos”, dice Darío González Maldonado, gerente de Patagonian Wines y todo un experto en el cultivo de la vid a latitudes que van de los 42 a los 46°.
Su historia está unida a la de Weinert, la bodega que apostó por El Hoyo (Chubut), allá por 1999. “Ese año, comenzamos con una hectárea de Merlot, después agregamos otras variedades, como Pinot Noir, Chardonnay, Riesling y Gewürztraminer. Entre 2003 y 2005 enviábamos la uva a Mendoza, donde Weinert la elaboraba. Comenzamos a producir en origen en 2006. Ahora tenemos 20 hectáreas y una capacidad anual que puede llegar a las 60.000 botellas”, cuenta.
Y aunque es la única bodega de la región, no están solos, porque en Chubut los viñedos se extendieron a otros lugares.
“Nosotros hicimos ensayos en Paso del Sapo, inclusive mi esposa inició una plantación experimental en el Cordon Forestal, en Comodoro Rivadavia”, dice González Maldonado. Hay más viñedos en lugares como Sarmiento y Lago Puelo.
¿Por qué Chubut? “El 70% de la provincia es apto para el cultivo de la vid, aunque en reductos pequeños, como los faldeos”, explica. En un reciente informe sobre la Patagonia, el Instituto Nacional de Vitivinicultura destaca que en El Hoyo las temperaturas mínimas son de -8° y que las máximas pueden trepar a los 36°. La alternancia entre días calientes y noches frías exalta el aroma de los vinos, que, además, presentan una acidez interesante. Por otra parte, la calidad fitosanitaria, relacionada con las enfermedades vegetales, es casi perfecta, según el informe. Inversores y enólogos coinciden en que El Hoyo se parece a las regiones de Malborough (Nueva Zelanda) y, en el norte, a Oregon (EE.UU.) y la famosísima Borgoña (Francia).
Los tintos y blancos de Chubut se consiguen en Buenos Aires, a través de Weinert, y también hubo pequeñas y exitosas exportaciones a México y Noruega. Las etiquetas son dos: Piedra Parada (corte de Merlot y Pinot Noir) y Faldeos del Epuyén (Chardonnay y Riesling). Ambos ya forman parte de la Patagonia, donde los viñedos se extendieron primero a Río Negro, en los años 20, y luego a Neuquén y La Pampa, en especial en la última década. Según el INV, entre 2000 y 2009 la superficie con vides aumentó casi un 65%. Siempre, con el sur en el horizonte.
Ollas y Sartenes
Fernando Muñoz Pace.
En la Argentina, el mapa de los vinos siempre ofrece novedades. La frontera de las vides se va corriendo y llegó a Chubut. Y, desde hace unos meses, a Santa Cruz. Y aunque al tema de los récords conviene dejarlo en manos del Guinness, no hay dudas de que estos viñedos figuran entre los más australes del mundo.
“En noviembre, plantamos Chardonnay en Los Antiguos (Santa Cruz), pero necesitamos unos tres años para afirmar estos viñedos”, dice Darío González Maldonado, gerente de Patagonian Wines y todo un experto en el cultivo de la vid a latitudes que van de los 42 a los 46°.
Su historia está unida a la de Weinert, la bodega que apostó por El Hoyo (Chubut), allá por 1999. “Ese año, comenzamos con una hectárea de Merlot, después agregamos otras variedades, como Pinot Noir, Chardonnay, Riesling y Gewürztraminer. Entre 2003 y 2005 enviábamos la uva a Mendoza, donde Weinert la elaboraba. Comenzamos a producir en origen en 2006. Ahora tenemos 20 hectáreas y una capacidad anual que puede llegar a las 60.000 botellas”, cuenta.
Y aunque es la única bodega de la región, no están solos, porque en Chubut los viñedos se extendieron a otros lugares.
“Nosotros hicimos ensayos en Paso del Sapo, inclusive mi esposa inició una plantación experimental en el Cordon Forestal, en Comodoro Rivadavia”, dice González Maldonado. Hay más viñedos en lugares como Sarmiento y Lago Puelo.
¿Por qué Chubut? “El 70% de la provincia es apto para el cultivo de la vid, aunque en reductos pequeños, como los faldeos”, explica. En un reciente informe sobre la Patagonia, el Instituto Nacional de Vitivinicultura destaca que en El Hoyo las temperaturas mínimas son de -8° y que las máximas pueden trepar a los 36°. La alternancia entre días calientes y noches frías exalta el aroma de los vinos, que, además, presentan una acidez interesante. Por otra parte, la calidad fitosanitaria, relacionada con las enfermedades vegetales, es casi perfecta, según el informe. Inversores y enólogos coinciden en que El Hoyo se parece a las regiones de Malborough (Nueva Zelanda) y, en el norte, a Oregon (EE.UU.) y la famosísima Borgoña (Francia).
Los tintos y blancos de Chubut se consiguen en Buenos Aires, a través de Weinert, y también hubo pequeñas y exitosas exportaciones a México y Noruega. Las etiquetas son dos: Piedra Parada (corte de Merlot y Pinot Noir) y Faldeos del Epuyén (Chardonnay y Riesling). Ambos ya forman parte de la Patagonia, donde los viñedos se extendieron primero a Río Negro, en los años 20, y luego a Neuquén y La Pampa, en especial en la última década. Según el INV, entre 2000 y 2009 la superficie con vides aumentó casi un 65%. Siempre, con el sur en el horizonte.
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