Marketing & Tecnología | China Un bar de Pekín permite pagar las bebidas usando inteligencia artificial
Los clientes obtienen tokens mediante un agente de IA conectado al WiFi del establecimiento y pueden utilizarlos para abonar sus consumiciones
Martes 18 de Agosto de 2026

Un bar dedicado a la inteligencia artificial en Zhongguancun, el distrito tecnológico de Pekín, permite a sus clientes pagar bebidas con tokens de DeepSeek obtenidos a través de un agente de IA conectado por WiFi. El local se llama AGI Bar, funciona desde 2025 y, pese a la demanda, su propietario, Song De, reconoce a Reuters que el negocio pierde dinero.
Song, desarrollador independiente de inteligencia artificial, abrió el establecimiento en Inno Way, una zona situada a pocos pasos de oficinas de empresas como Microsoft y DeepSeek y de universidades como Tsinghua y Peking. Para el fundador, la elección del lugar responde al peso de Haidian dentro del sector tecnológico chino. “Haidian ha sido siempre el principal centro de investigación científica de China”, afirmó a Reuters. “Aquí se concentran las empresas de internet, y el ambiente tecnológico, la inversión del sector y las incubadoras de capital riesgo aportan mucho impulso”.
El nombre del local remite a las siglas AGI, que corresponden a inteligencia artificial general. Su denominación oficial en chino significa “Destilación del Conocimiento”, un juego de palabras que alude tanto a las bebidas destiladas como a la técnica de destilación de modelos de IA.
El bar dispone de dos equipos Nvidia DGX Spark con capacidad para ejecutar el agente de IA DeepSeek V4 Flash. Song plantea el espacio no solo como un negocio de hostelería, sino también como un punto de reunión para personas que trabajan o estudian en el sector. Los clientes pueden acceder al modelo de IA para usarlo en proyectos propios, una oferta poco habitual en un local de este tipo.
La actividad diaria mezcla consumo, trabajo y encuentros profesionales. Reuters recoge que por el local pasan estudiantes y empleados de empresas tecnológicas para reunirse, estudiar y acudir a seminarios para desarrolladores, fiestas de laboratorios chinos de inteligencia artificial, reuniones de investigación y simposios sobre esta tecnología. Song resume así ese ambiente: en una misma mesa pueden coincidir personas de distintos laboratorios, de empresas diferentes y de varias universidades, hablando de tendencias del sector.
Entre los productos del bar figura una cerveza propia llamada también AGI, con un precio de 9,90 yuan. En las paredes hay objetos promocionales vinculados a la tecnología y logotipos de compañías chinas de inteligencia artificial. La particularidad del sistema de pago es que los clientes no tienen por qué recurrir a Alipay: pueden conectarse por WiFi al agente de IA del local, obtener tokens ilimitados de DeepSeek para programar y emplearlos para pagar consumiciones.
Ese modelo ha atraído público, pero no ha llevado al negocio a números positivos. “El bar está perdiendo dinero por completo”, dijo Song a Reuters. Añadió que la cantidad de bebidas que se entregan sin cobrar en efectivo es “10 veces” superior a la que se vende.
Pese a ello, el proyecto sigue en marcha y combina personal humano con automatización. El bar tiene empleados, pero una parte amplia de la operativa, incluidas funciones ligadas al funcionamiento del local y la gestión de reservas, queda en manos de un agente de IA. Song explicó que el establecimiento ha conectado luces, software y hardware a interfaces API para que la inteligencia artificial procese esas tareas. Su objetivo, añadió, es evitar dedicar trabajo humano a labores repetitivas que considera innecesarias.
La siguiente etapa que imagina pasa por incorporar robots humanoides para servir bebidas. La idea encaja con la visión de Song sobre el papel que la inteligencia artificial puede llegar a ocupar fuera de los laboratorios y de las grandes empresas tecnológicas. En declaraciones a Reuters, sostuvo que el descubrimiento de la IA tiene más importancia histórica que la Revolución Industrial y defendió que debería convertirse en un servicio de uso común, comparable al agua, la electricidad o internet. “La IA debería ser como el WiFi”, afirmó.
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