Se nos cayó encima la macro
El
éxito de los negocios depende siempre de una combinación adecuada de
contexto y gestión donde las decisiones siempre se toman de acuerdo a lo
que visualicemos será el futuro. ¡Teoría de la administración de
negocios básica! Bodegueros y productores manejan hoy apenas unas pocas
variables de la gestión, el resto es una pesada mochila de contexto de
la que no pueden zafar.
El caluroso verano argentino no sólo lo ha sido por el clima y la falta de energía, fue también el enero más convulsionado en la macroeconomía argentina desde hace varios años. Es que la mayoría de las variables que influyen en los negocios y que permiten un contexto favorable para su gestión se desarrollaron negativamente.
La inflación, ese hijo no reconocido
Ya en 2009 comenzaron a crecer los índices de precios en Argentina a un ritmo que se separaba de las tendencias mundiales, ni siquiera los países emergentes, con inflaciones más elevadas que los desarrollados, tenían las tasas que vivía Argentina. Por parte del gobierno, si existía diagnóstico de la situación no se conocía por parte de la población y poco o nada se puede hacer en política económica sin un adecuado diagnóstico. A poco tiempo se corroboró: no había diagnóstico y lo que empresas, consumidores y analistas advertían el gobierno negaba, la inflación. Comenzó así uno de los sainetes que más se recordarán de esta gestión.
El problema más serio de la inflación, además de ser un impuesto que cae en las espaldas de los que menos tienen, es la dispersión que crea en los precios relativos y con ello las dificultades para gestionar los negocios. La relación entre lo que cobramos por el producto y los costos del mismo varía permanentemente y esto dificulta, entre otras, las políticas de stocks en un sector donde el capital de trabajo se acerca al 60% de las ventas. Esta falta de capacidad de gestión erosiona muy fuertemente la rentabilidad del negocio pues la cara opuesta es el costo de los fondos inmovilizados.
Pero se agrega otro problema más, no menor, todos los plazos de la economía se acortan justamente por la menor capacidad de proyección de variables. Esto es particularmente nocivo para la industria del vino pues se trata justamente de un sector de largo plazo. Se abre una grieta entre la necesidad de mayores plazos del sector y la señal de acortar plazos del contexto y el puente en esta grieta sólo se financia con más costos o más inversión que termina degradando los rendimientos financieros de las empresas. ¡Y ya van más de cuatro años en esta situación! Con lo cual habría que sumar oportunidades perdidas que sólo se reflejan en peores resultados de balances de las empresas.
Tipo de cambio: el bueno o el malo de la película
Cuando a una economía le va bien su moneda se aprecia con relación a las extranjeras porque hay abundancia de monedas extranjeras y cuestan menos, o la moneda de uno: cuesta más. Eso es lo que le pasa a economías como Chile, Australia o Nueva Zelanda, competidores de Argentina en los mercados mundiales. Por lo tanto, es una buena noticia que a ellos les vaya bien porque nosotros ganamos competitividad por ese lado. Si a la economía argentina le va bien nuestra moneda es más fuerte y los exportadores deben mejorar su productividad para mantenerse competitivos. En los últimos años a la economía argentina le fue yendo cada vez peor y la moneda no lo reflejó depreciándose, entonces ahora "pagamos" todo de golpe pero como tenemos desatado un proceso inflacionario muy agudo el salto del tipo de cambio nominal será efímero. Sólo hay que observar los saltos de precios en la mayoría de los insumos del sector y lo que seguramente serán las pautas salariales. Al único precio que le es difícil ajustarse es al de la uva porque no tiene otro uso en la economía que hacerse vino y por lo tanto su capacidad de ajustar precios es muy baja.
Y nuevamente las expectativas y el largo plazo. Las decisiones del sector son casi todas de largo plazo y este salto cambiario puede impactar positivamente en las finanzas de muy corto plazo de los exportadores pero de ningún modo van a cambiar la tendencia de largo plazo. Para esto tiene que existir confianza sobre cuál será la cotización en los próximos 6 a 12 meses por lo menos y casi nadie puede hoy aventurar predicciones "tan largas".
El riesgo del contexto
Tasa de riesgo país, rankings competitivos de Argentina, tapas de los principales medios especializados del mundo, ridiculizado el equipo económico, empresas extranjeras que anuncian suspensión de operaciones. Todo configura un marco de desconfianza en nuestra economía. La tasa de riesgo de Argentina es hoy casi 6 veces más elevada que la había en la primera mitad de la década pasada cuando llegaban inversiones a la vitivinicultura. Hoy ya no llegan al país inversiones extranjeras y las locales tampoco se movilizan.
Nuevamente, los empresarios invierten cuando esperan un retorno a sus inversiones y esto lo comparan con el riesgo de que esa promesa de rentabilidad no se cumpla. Justamente es este riesgo, que cuando es elevado paraliza, el que hoy compromete a sectores como la vitivinicultura donde la inversión y la inmovilización de capital es la clave competitiva. Un sector que en los últimos años invirtió no menos de 3.000 o 4.000 mil millones de dólares necesita sólo para mantenerse una inversión de por lo menos 10% al 15% de esa cifra y hoy todo indica que se invierte mucho menos. El sector se consume su propio capital y más temprano que tarde afecta su competitividad.
Una combinación virtuosa o viciosa
Tanto en la gestión privada como en la pública el éxito de largo plazo es una combinación de por lo menos tres pilares que pueden operar en forma virtuosa o viciosa: poder político, plan y ejecutores del plan. Una empresa o gobierno que no combine adecuadamente estas variables difícilmente se proyectará en el largo plazo.
Lamentablemente para la economía argentina las tres variables están mal. El gobierno perdió gran parte de su poder político, lo que quedó explicitado en la elecciones de octubre y más ostensiblemente en las últimas semanas con la pérdida de imagen que revelan las encuestas políticas. Sin poder, establecer un plan exitoso es muy difícil pues el poder se trasmite como confianza de largo plazo. Aquí llegamos a otro punto: por más poder que se tenga si no hay plan la incertidumbre es muy elevada y las decisiones de empresas y familias se resumen sólo en proteger ahorros. El reclamo generalizado frente a las medidas de las últimas semanas es justamente la falta de plan o por lo menos de comunicación de ese plan. Por último, los ejecutores del plan. Aquí aparece un equipo muy pequeño con contradicciones diarias y poca armonía de declaraciones entre ellos lo que trasmite que los ejecutores del plan, si lo hubiera, no se muestran con toda la solvencia o cohesión para llevarlo adelante. Sin poder, sin plan y sin ejecutores el panorama es muy incierto. ¡¡¡Gracias a ello, la macroeconomía se nos cayó encima a los argentinos!!!
Javier Merino
jmerino@areadelvino.com
jmerino@areadelvino.com
Comentarios