Falleció el bodeguero Antonio Pulenta
Una familia de pioneros
En 1902, llegaron a la Argentina los padres de Don Antonio, una pareja de jóvenes inmigrantes italianos, en busca de “la América” como tantos otros en aquella época. Angelo Polenta y Palma Spinsanti, llevaban en brazos a Quinto, el primero de sus hijos. Tras un fugaz paso por Buenos Aires, siguieron su viaje hacia Mendoza donde nacieron María, Darío, Augusto, Casimira y Rosa. Años mas tarde, volvieron a trasladarse, esta vez a la provincia de San Juan donde esta emprendedora familia creció aún más con los nacimientos de Angela, Antonio (padre de Eduardo y Hugo) y Alfredo.
En San Juan instalaron un almacén de “ramos generales” y durante dos años, trabajaron como contratistas en viñedos y bodegas. En 1914, luego de mucho esfuerzo, compraron un terreno de 5 hectáreas donde construyeron un pequeño galpón, que fue la primer bodega. Allí, se dedicaron a la actividad y a la empresa que sería el trabajo de sus vidas y luego de sus hijos.
En 1923 y 1924, Palmina y Angelo abandonaron este mundo, dejando a sus nueve hijos un legado de trabajo, esfuerzo y unión familiar. Luego de la muerte de sus padres, Quinto, el hermano mayor, resolvió que no iba a permitir que la vida los separara. Él y María, hicieron desde entonces, de padre y madre para el resto de sus hermanos.
La familia Pulenta creció junta, unida por sentimientos y valores compartidos, al mismo tiempo que crecía la empresa que habían iniciado sus padres. Aquel primer terreno con su galponcito, se había convertido en la primera de muchas bodegas y viñedos, que se expandían por San Juan y Mendoza.
Antonio, el penúltimo de los nueve hermanos, se trasladó a Mendoza a estudiar enología y posteriormente hacerse cargo de la bodega de la provincia. En 1946, se casó con María Zulema Chirino con quien tuvo 6 hijos: Silvia, Carlos, Antonio, Eduardo, Zulema y Hugo. Eduardo (único enólogo de la tercera generación) y Hugo compartieron siempre el mismo deleite: los grandes vinos.
En 1997, después de muchos años de trabajo, Antonio y sus hermanos vendieron la mayoría accionaria de Peñaflor. Luego, en el año 2001, Eduardo y Hugo decidieron continuar con la tradición familiar y, con pasión, entusiasmo y mucho esfuerzo, dieron vida a Pulenta Estate.
La tradición y sabiduría de la familia, forjadas durante los 100 años desde la llegada de Angelo y Palmina a la Argentina, viven hoy en Pulenta Estate.
Fuente: pulentaestate.com
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