Freud & Fahler, pura poesía
Como lo indica el inmenso reloj que observa a todo el blanco salón que abraza al corazón central, que es la cocina, aquí el tiempo se detiene, provocando un placentero goce por el momento de disfrutar de alguna de las maravillosas y armoniosas elaboraciones culinarias, o de la compañía con quien se pudiera disfrutar la apacible vista que ofrecen sus protectores ventanales hacia la vida fuera de aquel recinto de verdadero equilibrio gastronómico.
La pastelería posee un territorio primordial en este continente, que a través de una antigua y amigable heladera que ofrece tentadoras tortas, o bien desde unas recordadas campanas de cristal que protegen a unos igualmente tentadores muffins sobre la mesada que delimita en toda su extensión al salón de la cocina, ofrecerá cubrir las necesidades de aquellos paladares en busca de alguna de sus excelentes elaboraciones dulces…
Dejarse llevar por el clima y la extraordinaria propuesta que su chef Pol Lykan viene desarrollando al mando de este restaurante hace mucho tiempo, es una sabia decisión para lograr resguardarse del caos habitual, ingresando a su apacible morada, para disfrutar un momento muy especial apoyado en una muy cuidada e increíble elaboración culinaria.
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