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Marina Beltrame - Primera argentina sommelier profesional "El vino es un compartir"


La primera persona en ejercer el oficio de sommelier profesional en la Argentina fue una mujer. Su nombre es Marina Beltrame y es considerada una de las grandes referentes argentinas del vino.

Es fundadora y directora de la Escuela Argentina de Sommeliers (EAS), que abrió sus puertas en el año 1999. En #Confesiones, Beltrame contó la curiosa historia de cómo llegó a convertirse en la primera experta en vinos de nuestro país. Además, explicó qué significa el vino para ella y reveló algunos trucos para poder degustar plenamente el sabor de una copa.

Cristina Pérez: Marina, vos empezaste siendo camarera, ¿no? Y tenés un historia medio de Cenicienta con cómo llegás a convertirte en sommelier. Contanos cómo comenzó todo.


Marina Beltrame: Trabajaba en un restaurante. Había trabajado bastante tiempo en servicio porque dentro de la hotelería, carrera que elegí estudiar después del colegio, me gustó mucho el hotel. Estando en un hotel de Capital y en el restorán en concreto, resulta que un día conocí a alguien muy especial que hablaba de vinos en las mesas, tenía siempre reuniones y hablaba de negocios y proyectos. Temas que me resultaban bastante curiosos. Una de las cosas más interesantes de trabajar en un restorán es escuchar qué se dice.

Cristina Pérez: ¿Se escuchan las conversaciones de las mesas?

Marina Beltrame: Obvio. Era imposible no escucharlo porque este señor pegaba unos gritos bárbaros. Pero tenía una pasión en lo que decía que era muy fuerte. Había elegido muchas veces en los francos ir a San Rafael o a Mendoza y paseando por bodegas en un tiempo en que no existía el turismo vitivinícola que existe hoy. Ni era fácil entrar en una bodega.

Cristina Pérez: Te ibas por las tuyas como amateur total a ver qué pasaba en una bodega.

Marina Beltrame: Yo pensaba: “Si yo trabajo en un restorán y tengo que abrir vinos, no entiendo nada”. Quería aprender y no me dejaban entrar. Me acuerdo que en una no me dejó entrar y me mandaron de vuelta. No sabían si era una espía, raro todo. Entonces este hombre hablaba de vinos, se notaba que sabía mucho y él se dio cuenta y me preguntó si no había pensando nunca en hacer una formación que tenga que ver con eso. En Argentina no había. Él no hablaba de Mendoza sino de Francia. Yo ya había trabajado en Europa y en ese momento me quería quedar en Argentina. Él insistió con Francia y me explicó que iba a haber necesidad de tener sommeliers en Argentina y que había mucha gente que estaba invirtiendo en serio en vinos y proyectos importantes. Esa gente necesitaba formadores, gente que después vendiera el vino. Él me dijo que yo era una de esas candidatas. Fueron meses de idas y vueltas. Yo no tenía ninguna chance de irme a Francia a estudiar en ese tiempo. El hombre me consiguió una beca en Francia. Y así fue. Terminé en Francia. Hablaba francés.

Cristina Pérez: ¿Qué descubriste en Francia?

Marina Beltrame: Un mundo completamente desconocido. Una forma de leer una etiqueta de vino que hoy la entiendo bien y la enseño. Pero en ese momento era otro idioma que no tenía nada que ver con el ser francés sino con cómo se lee un vino desde su lugar de origen. No es de una uva o de un productor. En ese tiempo para mí era bastante difícil entender que tenía que conocer una finca y que el vino llevaba el nombre de esa finca. Había que aprenderse los nombres de los lugares de origen para conocer la identidad de un vino.

Cristina Pérez: Cuando estuviste allá, pasó algo más con esa beca que vos descubriste.

Marina Beltrame: A mí me pareció un lindo gesto agradecer al director. Le pedí una reunión que me dieron dos semanas después. Y cuando llego y le agradezco la beca, le agarra un ataque de risa al señor. Y él dice: “¿Vos creés que tenés una beca?” El hombre que me había insistido con que fuera a Francia mandaba un cheque todos los meses. No tenía ninguna beca. Infartada, lo llamo y le cuento lo que me había pasado. En ese momento confesó que era verdad.

Cristina Pérez: El cuento es que hoy sos una de las sommeliers más importantes. Tenés una escuela de sommeliers como en ese momento te propuso este hombre que se convirtió en un mecenas que ni siquiera te dijo que te estaba pagando él el estudio.

Marina Beltrame: Estaba super enojada porque no entendía nada. Él me contestó que nunca me hubiera ido y que no le habría creído.

Cristina Pérez: Vos conociendo los viñedos, sin saber que te ibas a encontrar con este hombre que te abría semejante oportunidad, estabas buscando ese sueño. Me quiero animar a preguntarte algo más. En tu historia personal hay algo que a mí me sorprendió cuando me lo contabas el otro día. Sos hija de padres hipoacúsicos que no te podían hablar.

Marina Beltrame: En realidad si me hablaban. Ellos no manejaban la lengua de señas. Eran oralistas. Leían los labios. Y el tacto también. Para llamar a alguien tenías que tocarlo. El tocarte significaba que necesitaban algo. Nunca tuve un teléfono con mi mamá. Hoy todavía no lo puedo tener. Gracias a Dios existe el Whatsapp. Fue la primera vez que me pude comunicar con mi mamá hablándole de frente y cara a cara.

Gonzalo Sánchez: ¿El mundo del vino es más de hombres que de mujeres?

Marina Beltrame: No, para nada. No te podría decir a qué se atribuye eso pero sí que hoy ves tantas mujeres como hombres. En la carrera de sommelier es notable, pero en cursos también. A veces entro a clases y me pregunto qué pasó. Hay más mujeres que hombres muchas veces. Llama la atención. A mí me sigue sorprendiendo. No lo veo ahora, en los dos últimos años. Lo veo desde el principio. Quizás en un comienzo, cuando se anotan, empiezan igual. Las que terminan más la carrera son las mujeres que los hombres.

Cristina Pérez: Me contabas que uno de los componentes que hace que el vino pueda convertirse en una gran industria en un lugar no tiene que ver con la tierra o el clima sino con las costumbres y con algo más emocional y tradicional.
Marina Beltrame: Para mí, el vino significa muchas cosas: trabajo, desde ya. Pero algo más importante que es el encuentro, recuerdos y momentos. Cada uno lo ubicará y lo pondrá en el lugar que considere. Tengo recuerdos de infancia del vino en mi casa con soda, damajuana y demás. Vengo de una familia clase media y no había gaseosas en mi casa. Para mí el vino era como parte de todos los días. Hay mucha gente que creció así en el país. A mi esto de pensar al vino como bebida nacional me parece que está bien porque la verdad que no es algo quizás como muchos lo ven hoy, algo inalcanzable. Tomó una botella de vino y no se me ocurre tomarmela sola. La comparto con la gente que quiero. El vino es un compartir.

Gonzalo Sánchez: ¿Tomás vino todos los días?

Marina Beltrame: Tomo vino prácticamente todos los días. Una o dos copas y cuando estoy con amigos más. El fin de semana, más relajada, un poco más.

Cristina Pérez: ¿Cuál es el truco fácil para saber con que vino combinar la comida?

Marina Beltrame: Platos claros, vinos claros. Si vos tenés un plato donde hay un color oscuro, se debe acompañar con un vino tinto. Y si tenés colores claros, te van a quedar mejor vinos blancos o rosados. Esto también se puede llevar al queso. Si los quesos son de leches blancas, como los de cabra, quedan muchísimo mejor con vino blanco. Si son quesos más amarillos y oscuros, queda mejor con tinto. Esto funciona. Por eso los quesos duros y fuertes quedan bien con tinto. Y los quesos más blandos y aromáticos necesitan vino blanco por la acidez.

Cristina Pérez: Cuando tomás una copa de vino, ¿cómo tenés que tomar la copa?¿Cómo hay que involucrar los sentidos para realmente tener la experiencia del vino?

Marina Beltrame: Para mí, tiene que ver con prestarle atención. Como cualquier otra cosa que te interese. Cuando uno le presta atención, percibe todo distinto. Si vos tomás una copa de vino que se toma, no del cáliz sino del tallo o el pie, y te acercás nariz la copa, ya es una conexión distinta al beber. El detenerse, prestar atención, oler y agitar un poco la copa hace bien por que airea y hace que los aromas se desprendan. Y después probarlo con la atención que puedas. En la medida que eso sea un hábito, resulta que empieza algo que se llama la memoria olfativa, donde uno empieza a memorizar los olores. Es un ejercicio que es lindísimo y al final todos tenemos la misma oportunidad. Porque a lo mejor ante una copa estamos un montón de veces y la diferencia es conectar o no.

Fuente: https://cristinaperez.cienradios.com/beltrame-primera-sommelier-vino-compartir/

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